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domingo, 30 de agosto de 2015

ECOFASCISMO O ECOCOMUNISMO

El ecologista que quiere ser como Hitler

Foto: El ecologista Pentti Linkola en el bosque
Pentti Linkola está a favor de la guerra, de abolir la democracia y de exterminar a todos los gatos. Sus mandamientos para conseguir un mundo mejor siembran el pánico.
Después de varias décadas de serias advertencias, el movimiento ecologista ha conseguido que estemos muy inquietos por la situación en la que se encuentra nuestro planeta. Parece haber, sin embargo, una enorme desproporción entre lo mucho que sabemos de la catástrofe que se avecina y lo poco que podemos hacer para remediarla. Salvo por un puñado de tímidos consejos -casi todos ellos relacionados con la abstinencia (no usar aerosoles, no viajar en coche, no comprar productos transgénicos) o con un párvulo panteísmo (ama a los animales, aliméntate del sol, ¡respeta el poder de la Semilla!)- carecemos de un programa de acción concreto y de un referente político de envergadura.

Como siempre que la prisa se da de bruces con la carencia, no han tardado en surgir dentro del ecologismo una serie de grupos descontrolados que exigen el fin de la tibieza reformista y la inmediata aplicación de un duro programa de choque. Para los ecofascistas, la más peligrosa de estas facciones, el hombre debe pagar con su vida por los irreparables daños que ha causado al planeta. Entre las diversas medidas que propugnan para alcanzar su pavorosa utopía, destacan cosas como el repudio de los derechos humanos, el uso de la violencia para reprimir la natalidad y la creación de campos de trabajo para reeducar a los cabecillas de la barbarie industrial.

El apóstol más elocuente de este decálogo de fuego es, sin duda, el ecópata finlandés Pentti Linkola (Helsinki, 1932). Al terminar sus estudios universitarios, el joven Pentti decidió dar la espalda a toda comodidad burguesa para perderse en la taiga y llevar una vida de completa fusión con la naturaleza. Allí aprendió las duras lecciones de estoicismo que lo transformaron en el anciano elástico y despiadado que es hoy. A sus ochenta y tres años sigue viviendo en armonía con las criaturas del bosque, en una cabaña sin agua corriente ni aparatos eléctricos (la reciente adquisición de un teléfono móvil ha causado una ola de indignación entre sus seguidores), y cada mañana se sube a su bicicleta o a su trineo para ganarse el jornal vendiendo pescado por las aldeas cercanas.

Además de un conservacionista hiperactivo, Linkola es también un modesto intelectual. La única de sus obras que ha recibido hasta la fecha cierta atención fuera de Finlandia ha sido una compilación de artículos periodísticos titulada ¿Podrá la vida vencer? Este volumen −en cuyo índice figuran capítulos como 'Las autopistas: un crimen contra la humanidad', 'La democracia, ¿un culto a la muerte?' o 'La herejía de la no violencia'− constituye un alucinante viaje al interior de la locura. Al leerlo, el lector no puede evitar preguntarse en qué estado de despreocupada indulgencia debían de encontrarse los editores fineses para permitir la difusión de un material tan venenoso. Con todo, hay que admitir que Linkola es un maestro contemporáneo de la misantropía, el exceso y el horror. Es capaz de sembrar el pánico hasta cuando abre unas comillas.

Adicto al moho y odio a los gatos


Además de terrorífico, pronto nos damos cuenta de que su ideario es sobre todo muy poco convencional. Los primeros motivos de inquietud nos los proporcionan sus violentas diatribas contra la higiene alimentaria. Gracias a ellas descubrimos que el viejo Pentti es un fanático del moho y la comida en mal estado. “A veces, cuando vuelvo de un viaje” –nos confiesa— “me encuentro una rebanada de pan que se ha puesto verde. Pues bien: ¡yo no malgasto el grano del Señor!”. Al “ecologista verdadero” le recomienda llevar una dieta rica en bacterias en la que, además del pan rancio, debe estar presente la fruta podrida, el pescado en descomposición y el agua cenagosa de los pantanos. Estos singulares hábitos le han llevado a desarrollar una intensa fobia hacia los inspectores de sanidad. Si alguna vez logra imponer su pavoroso régimen ecocrático, promete “deportarlos a todos a los vertederos en los que se han deshecho de tantos alimentos en buen estado”.

También resulta bastante sospechoso el trato que nuestro sanguinario cascarrabias pretende dispensar a los gatos. A estos “ángeles de la muerte importados de Egipto” les acusa de perpetrar innumerables matanzas de pájaros –la única especie animal por la que siente alguna simpatía– y exige que paguen por ello con su total extinción. No contento con eso, pretende que las ejecuciones se lleven a cabo mediante un plan de ahogamientos masivos de cachorrillos. Un método que describe como “la forma más sencilla y placentera de morir incluso para los humanos”. ¿Qué tipo de monstruo –nos preguntamos− puede odiar tanto a los gatitos y a los inspectores de sanidad?

Sin embargo, la verdadera obsesión de Linkola, el asunto en el que tiene empeñada toda su sañuda malicia, es la superpoblación. Los escasos días en los que se levanta de buen ánimo, se asoma a la ventana de su cabaña y se queda mirando fijamente la helada inmensidad de la tundra. Después de varias horas así, se llena de un intenso  y empiezan a ocurrírsele cientos de nuevas ideas para diezmar la población. El desprecio que siente por sus congéneres (“un amasijo de carne que pesa ya treinta billones de kilos”) es de unas proporciones olímpicas. Incluso hacer una simple llamada telefónica despierta en él “unas grandes ansias de matar”.


Los ancianos dominarán el planeta


La sociedad ideal con la que sueña es una escalofriante pesadilla orientada hacia una única meta: la progresiva desaparición de la humanidad. Su sistema de gobierno preferido es la gerontocracia. En él sólo los eruditos mayores de ochenta años podrán ocupar cargos de responsabilidad pública. La arquitectura institucional de su régimen está libremente inspirada en los preceptos del feudalismo y de ella se ha abolido cualquier vestigio democrático, en especial la prensa (“esos monos que caminan en pos de la última tendencia”) y los sistemas asistenciales gratuitos.

La máxima autoridad mundial de este eco-estado residirá en un Consejo de Ancianos cuya principal atribución será controlar la natalidad. Además de promover medidas de anticoncepción voluntarias, el Consejo tendrá potestad para imponer programas forzosos de aborto y esterilización a escala planetaria. La policía demográfica vigilará el estricto cumplimiento de estar normas para que pueda evitarse “la ejecución de niños ya nacidos”. Entre tanto salvajismo, esta repentina nota de piedad resulta desconcertante. ¿Se está ablandando nuestro naturópata? Para disipar cualquier duda a este respecto se apresura a recordarnos que “el infanticidio ha sido una práctica común hasta fecha muy reciente”.

En este repertorio de atrocidades no podía faltar la eugenesia. Linkola cree que principios tales como la inviolabilidad de la vida y la igualdad entre los hombres no son más que el producto de la histeria colectiva. Su mundo es salvajemente jerárquico y en él sólo tienen cabida los ejemplares intelectual y moralmente más valiosos. El resto no es más que un revoltijo prescindible que debe ceder su espacio al reino animal. Sin embargo, nos encontramos ante un eugenista muy poco riguroso. El sistema que propone es el único conocido hasta la fecha en el que los octogenarios recibirían un trato más amable que los bebés, lo cual no resulta del todo sorprendente teniendo en cuenta que su autor era ya un anciano cuando lo pergeñó. Al parecer, Linkola se siente a veces tan aterrorizado por sus ocurrencias como nosotros.

Esta excéntrica variedad de ecologismo está tan lastrada por su misantropía y su sed de violencia, que en ella tiene también cabida el culto a la guerra. Cualquier carnicería o matanza debe ser celebrada por el verdadero ecofascista como una “prórroga que se le concede a la naturaleza”. Sin embargo, Linkola nos advierte de que solamente serán verdaderamente útiles aquellas contiendas bélicas que tengan por objetivo a la población civil y, más específicamente, a los niños y a las madres en edad fértil.

El placer que este hombre siente ante el sufrimiento parece no tener límites. Pero, a pesar de todos sus crueles disparates, ha de reconocérsele un mérito. Suyo es el único argumento contra el vegetarianismo capaz de hacer tartamudear hasta al más beligerante de los animalistas: si la inminente catástrofe ecológica pronto nos reducirá a todos a un estado de babeante canibalismo, ¿qué más da si llegamos ahí después una fase intermedia de abstinencia carnívora o manteniendo nuestra dieta habitual?

Linkola comparte con otros anacoretas chiflados como el terrorista Unabomber, con quien a menudo se le compara, un universo ideológico similar (el primitivismo macabro, la tecnofobia y un gusto similar para la decoración de interiores). Sin embargo, el finlandés es un teórico mucho más mediocre y caprichoso que sus compañeros de cabaña. ¿Es aplicable su programa político, o se limita a presentarnos con irreprimible sadismo un catálogo de bestialidades? Sea como fuere, el ecofascismo es sólo el síntoma más espectacular de un fenómeno mucho más preocupante: la progresiva suplantación del ecologismo por una serie de derivaciones estrafalarias que haríamos bien en someter a un severo juicio. De ello depende que no se instale entre nosotros una distopía en la que tendremos que hacer frente a cosas mucho peores que Pentti Linkola.

El mundo de Linkola es salvajemente jerárquico y en él sólo tienen cabida los ejemplares intelectual y moralmente más valiosos

Para Pentti Linkola el hombre debe pagar con su vida por los irreparables daños que ha causado al planeta, y por ello repudia los derechos humanos y se posiciona a favor del uso de la violencia

http://www.elconfidencial.com/

viernes, 29 de mayo de 2015

LOS CRÍMENES DE MONSANTO CON LOS TRANSGENICOS

Los transgénicos no solucionan el hambre en el mundo: la aumentan 


La realidad de los transgénicos nos muestra que no cumplen con ninguna de estas promesas. Por el contrario, producen menos, usan más químicos, generan nuevos problemas ambientales y de salud, crean más desempleo y marginación, concentran la propiedad de la tierra, contaminan cultivos esenciales de las economías y las culturas, como el maíz, aumentan la dependencia económica y son un atentado a la soberanía.

Por Silvia Ribeiro

1. La ingeniería genética se basa en más incertidumbres que conocimientos Los transgénicos son organismos a los que se les ha insertado material genético, generalmente de otras especies, por métodos que jamás podrían ocurrir en la naturaleza. Estudios recientes, aparecidos en publicaciones científicas (1) postulan que los dogmas centrales de la genética desde la década de 1950, podrían estar fundamentalmente equivocados. Lo grave es que sobre este dogma central ¿equivocado? se están produciendo a gran escala organismos transgénicos que van a parar a nuestros alimentos, medicinas y a la biodiversidad circundante. La tecnología de la ingeniería genética tiene tantas incertidumbres y efectos colaterales impredecibles, que no podría llamarse ingeniería ni tecnología. Es como construir un puente tirando bloques de una orilla a la otra, esperando que caigan en el lugar correcto. Durante el proceso aparecen todo tipo de efectos inesperados y los dueños de esta obra, aseguran que no hay evidencias de que tengan impactos negativos sobre la salud o el medio ambiente, y que los que los cuestionan no son científicos. La realidad es peor, porque los transgénicos no son inertes, sino organismos vivos que se reproducen en el ambiente, fuera de control de los que los han creado.


2. Conllevan riesgos para la salud Si usted fuera a una tienda y viera un anuncio de galletas que dice “no hay pruebas de que sean malas para la salud”, ¿las compraría? Yo no. Y creo que nadie más. Por supuesto, la industria biotecnológica no está buscando estas pruebas. Científicos independientes, como el Dr. Terje Traavik de Noruega, han encontrado en 2004 resultados alarmantes: alergias en campesinos debido a que inhalaron polen de maíz transgénico (2). Pero la verdadera Caja de Pandora, son los efectos impredecibles: ni los que construyen transgénicos saben qué efectos pueden tener en la salud humana y animal, al recombinarse, por ejemplo, con nuestras propias bacterias o ante la posibilidad de que nuestros órganos incorporen parte de estos transgénicos, como ya ha sucedido en pulmones, hígado y riñones de ratas y conejos. (3) 


3. Tienen impactos sobre el medioambiente y los cultivos No hay casi estudios sobre los impactos en los cultivos y en el medioambiente. Sin embargo, es claro y tristemente demostrado con la contaminación transgénica del maíz en México, que una vez que los transgénicos sean liberados, contaminarán los demás cultivos, por polen, viento e insectos. Los cultivos insecticidas pueden afectar a otras especies que no son plaga de los cultivos,tal como se comprobó que el polen de maíz Bt afecta a las mariposas Monarca— y en países de gran biodiversidad, los riesgos se multiplican. En varias de las plantas de maíz contaminadas que se han descubierto en México, se notaron deformaciones. 


4. No solucionan el hambre en el mundo: la aumentan Según los promotores de los transgénicos, deberíamos aceptar todos estos riesgos, porque necesitamos más alimentos para la creciente población mundial. Pero la producción de alimentos no es la causa del hambre en el mundo. Actualmente se producen el equivalente a 3,500 calorías diarias por habitante del planeta: cerca de 2 kilos diarios de alimentos por persona, lo suficiente para hacernos a todos obesos. (4) El hambre en el mundo no es un problema tecnológico. Es un problema de injusticia social y desequilibrio en la distribución de los alimentos y la tierra para sembrarlos. Los transgénicos aumentan estos problemas. 


5. Cuestan más, rinden menos, usan más químicos Desde que Estados Unidos comenzó con los transgénicos en 1996, el uso de agroquímicos aumentó en 23 millones de kilos. Los cultivos transgénicos también producen menos. El cultivo más extendido, que es la soya tolerante a herbicidas (61% del volumen de transgénicos en el mundo) produce entre de 5 a 10% menos que la soya no transgénica. (5) Las semillas transgénicas son más caras que las convencionales. Esto hace que en algunos casos, aún cuando provisoriamente haya un pequeño aumento de producción, éste no compensa el gasto extra en semilla. La industria biotecnológica arguye que esto no puede ser verdad (¡aunque lo sea!), porque entonces los agricultores estadunidenses no usarían estas semillas. Lo cierto es que la mayoría no pueden elegir, ya no tienen sus propias semillas, hay falta de opciones en el mercado y tienen fuertes ataduras con las multinacionales semilleras. 


6. Son un ataque a la soberanía Prácticamente todos los cultivos transgénicos en el mundo están en manos de cinco empresas transnacionales. Son Monsanto, Syngenta (Novartis + AstraZeneca), Dupont, Bayer (Aventis) y Dow. Monsanto sola controla más de 90% de las ventas de agrotransgénicos. Las mismas empresas controlan la venta de semillas y son las mayores productoras de agrotóxicos. (6) Lo cual explica porqué más de las tres cuartas partes de los transgénicos que se producen en realidad —no en la propaganda— son tolerantes a herbicidas y aumentan el uso neto de agrotóxicos. Aceptar la producción de transgénicos significa entregar a los agricultores, de manos atadas, a las pocas transnacionales que dominan el negocio y enajenar la soberanía alimentaria de los países. 


7. Privatizan la vida Todos los transgénicos están patentados, la mayoría en manos de las mismas empresas que los producen. Esto significa un atentado ético, en tanto son patentes sobre seres vivos, y además son una violación flagrante a los llamados “Derechos de los Agricultores” reconocidos en Naciones Unidas como el derecho de todos los agricultores a guardar su semilla para la próxima cosecha. Las patenten impiden esto y obligan a los agricultores a comprar semillas nuevas cada año. Si no lo hacen, se convierten en delicuentes. Las empresas multinacionales de transgénicos tienen iniciados cientos de juicios a campesinos de Norteamérica, por “uso indebido de patente”. 


8. Lo que viene: semillas suicidas y cultivos tóxicos La próxima generación de transgénicos incluye cultivos manipulados para producir sustancias no comestibles como plásticos, espermicidas, abortivos, vacunas. En Estados Unidos hay más de 300 experimentos secretos (pero legales) de producción transgénica de sustancias no comestibles en cultivos: fundamentalmente en maíz. Se nombra la producción de vacunas en plantas como si esto fuera algo positivo: ¿pero qué sucedería con estos farmacultivos si se colaran inadvertidamente en la cadena alimentaria? La mayoría de nosotros ha sido vacunado contra algunas enfermedades -¿pero se vacunaría usted todos los días? ¿qué efectos tendría esto?. Ya se han producido escapes accidentales de estos cultivos. En México, la siembra de maíz transgénico está prohibida y sin embargo desde el 2001 se ha encontrado contaminación del maíz campesino en varios estados de la república, al Norte, Centro y Sur del país (7). ¿Cómo sabremos que no sucederá con estos maíces? ¿Quién lo va a controlar, si las propias autoridades de la Secretaría de Agricultura firmaron en noviembre del 2003 un acuerdo con Estados Unidos y Canadá que les autoriza hasta un cinco por ciento de contaminación transgénica en cada cargamento de maíz importado que entra a México? 
Las empresas que producen transgénicos están desarrollando diversos tipos de la tecnología “Terminator”, para hacer semillas “suicidas” y obligar a comprarlas para cada siembra. 


9. La coexistencia no es posible ni el control tampoco Tarde o temprano, los cultivos transgénicos contaminarán todos los demás y llegarán al consumo, sea en los campos o en el proceso post-cosecha. Según un informe de febrero 2004 de la Unión de Científicos Preocupados de Estados Unidos, un mínimo de 50 por ciento de las semillas de maíz y soya, de ese país que no eran transgénicas, están contaminadas. El New York Times (1-3-04) comentó sobre esto “Contaminar las variedades de cultivos tradicionales es contaminar el reservorio genético de las plantas de las que ha dependido la humanidad en gran parte de su historia. (…) El ejemplo más grave es la contaminación del maíz en México. La escala del experimento en el que se ha embarcado a este país —y los efectos potenciales sobre el medio ambiente, la cadena alimentaria y la pureza de las semillas tradicionales— demanda vigilancia en la misma escala”. Para detectar si hay transgénicos, dependemos de que la propia empresa que los produce nos entregue la información, cosa que son renuentes a hacer, y por la que ponen altos costos que cargan a las víctimas de la contaminación. “Casualmente”, luego de que se han sucedido los escándalos de contaminación, se ha hecho cada vez más difícil detectarlos.8 


10. Ataque al corazón de las culturas La contaminación del maíz en México, su centro de origen, concentra todos los problemas que describimos hasta aquí, pero además es un ataque violento al corazón mismo de las culturas mexicanas: a su vasta cultura culinaria y los mil usos que se le dan al maíz, a sus economías campesinas, a las bases de la autonomía indígena. Con esta guerra biológica al maíz tradicional, las transnacionales podrían apropiarse y privatizar este tesoro milenario y colectivo de los mesoamericanos, obligando a los creadores del maíz a pagar para seguir usándolo en el futuro. Las empresas multinacionales productoras y distribuidoras de transgénicos, así como los que favorecen las importaciones de maíz OGT, los que quieren levantar la moratoria que impide sembrar maíz OGT, o aprobar una ley de bioseguridad para legalizarlos, asumen una inmensa deuda histórica que los pueblos de México no van a permitir ni olvidar. 


Aldo González zapoteco de Oaxaca, resume: “…somos herederos de una gran riqueza que no se mide en dinero y de la que hoy quieren despojarnos: no es tiempo de pedir limosnas al agresor. Cada uno de los indígenas y campesinos sabemos de la contaminación por transgénicos de nuestros maíces y decimos con orgullo: siembro y sembraré las semillas que nuestros abuelos nos heredaron y cuidaré que mis hijos, sus hijos y los hijos de sus hijos las sigan cultivando. (…) No permitiré que maten el maíz, nuestro maíz morirá el día en que muera el sol”. 

jueves, 30 de abril de 2015

El TRATADO TRANSATLÁNTICO DE COMERCIO E INVERSIONES (TTIP)

¿SABÍAS QUÉ ES EL TTIP?


El Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP en sus siglas en inglés) es el nuevo modelo de tratado de libre comercio que se está negociando entre la Unión Europea y Estados Unidos desde junio de 2013, con la intención de crear la zona de libre comercio mayor del mundo.

¿Por qué ahora?

EEUU y la Unión Europea están perdiendo poder económico y político, y otros países, especialmente China, les están desplazando como mayores economías, exportadores y proveedores de inversión extranjera directa. El TTIP pretende por tanto consolidar los intereses geopolíticos y recuperar el poder y el protagonismo de ambas potencias, declarando una guerra comercial a países terceros.

¿Quién y cómo se está negociando?

De manera formal, por parte de la Unión Europea es la Comisión Europea quien tiene el mandato de las negociaciones; y de la otra, el propio Gobierno de EEUU. Sin embargo, desde su origen, son los grandes lobbies empresariales de un lado y otro quienes presionan y participan de manera activa en ellas: industria automovilística, farmacéutica y agroalimentaria, empresas de servicios, bancos, fondos de inversión…

Las negociaciones además, están produciéndose de espaldas a la población, con un alto carácter secreto sobre su contenido, y sin participación y apenas consulta a la sociedad civil, e incluso con mucha desinformación hacia los Gobiernos de los países de la propia UE.

¿Qué regulará?

Dado que los aranceles entre la UE y EEUU son ya muy bajos, este nuevo modelo de tratado se centra en la liberalización de todos los sectores y en conseguir una armonización legislativa, es decir, unificar leyes a ambos lados del Atlántico, con el fin de reducir costes y “retrasos innecesarios” para las corporaciones.

Un capítulo especialmente polémico es el de la protección de las inversiones, por el cual cualquier inversor privado internacional puede desafiar, ante tribunales internacionales poco transparentes, cualquier legislación (ambiental, laboral o social) que interfiera con sus beneficios. Por ejemplo, una moratoria al fracking (técnica muy contaminante de extracción de petróleo o gas) o una regulación sanitaria de sustancias tóxicas pueden ser objetos de demandas a los Gobiernos.

¿Qué supondrá?

Se ahondará en los recortes en los derechos laborales, justificados por la reducción de costes y basados en la política antisindical de EEUU (que no ha ratificado convenios de la OIT) y en las reformas laborales impuestas por la Troika [link a www.troikaparty.eu/es] (Comisión Europea, FMI, BCE).

La liberalización de cada vez más sectores económicos profundizará en las privatizaciones de servicios públicos, cuyas consecuencias ya son conocidas.
La armonización legislativa a la baja, aplicando la legislación más beneficiosa para las grandes corporaciones afectará a:                                      
  • Políticas medioambientales y del derecho a la salud: se flexibilizará el uso del fracking, se aumentará la producción y venta de transgénicos, el uso de toxinas y sustancias peligrosas, entre otros, que cuentan con legislación más favorable en EEUU.                                                                                                                          
  • La agroindustria se verá favorecida en detrimento de las pequeñas explotaciones más sostenibles, y por tanto se resentirá la soberanía alimentaria y la calidad en la alimentación.                                                                                      
  • Sobre propiedad intelectual y uso y acceso a internet: se aplicará la legislación norteamericana que facilita la vigilancia cibernética y el acceso a datos personales, y pena el compartir archivos en la red; y además blindará las patentes, reduciendo por ejemplo la posibilidad de acceso a medicamentos genéricos.                                 
Y a todo esto se añadiría, a través de los mecanismos de protección de las inversiones, que los Gobiernos se encontrarían maniatados para la puesta en marcha de las políticas públicas sociales y medioambientales destinadas a proteger a la ciudadanía, en beneficio del gran capital.



sábado, 31 de enero de 2015

OSLO NO TIENE BASURA

Oslo, la ciudad que se quedó sin basura y ahora la importa

Oslo, la ciudad que se quedó sin basura y ahora la importa

La capital noruega necesita los desechos de otros países para a alimentar las plantas que generan calefacción y electricidad

En muchos países, "basura" es sinónimo de "desperdicio". En Oslo, la capital de Noruega, ya no. La ciudad superó la capacidad de procesar los residuos que producen sus 1,4 millones de habitantes y ahora importa desechos de otros países para alimentar las plantas que generan calefacción y electricidad. 
Éste es el resultado de un compromiso que abarca a todos los noruegos, del más grande al más chico, en un país donde cuidar la naturaleza es prioridad nacional.
Olav Ytre-Eide es un pequeño de 2 años cuya participación no deja de asombrar. Cuando llega el momento de sacar los residuos familiares a la calle, abrigado hasta las orejas para resistir el duro invierno, él es el que lleva la bolsa de color azul; su hermano Erik, de 5 años, la blanca, y Mira, la mayor, de 8 años, la verde.
En el sistema de clasificación por colores, la azul tiene residuos plásticos; la verde, orgánicos, y la blanca, el resto. Así, Olav se enorgullece de llevar la bolsa más grande... y la más liviana.
En recipientes separados colocan papel, vidrio, metal y basura electrónica. La separación es el inicio del proceso que hizo de Oslouna capital "verde".
"La separación de la basura en bolsas de diferentes colores, implementada desde hace algunos años, nos obligó a tomar el hábito de pensar siempre de qué materiales está hecha cada cosa antes de tirarla", explica Kjersti Album, la madre de Olav, una licenciada en Ciencias Políticas de 38 años.
La separación por colores no es un esfuerzo inútil. Los camiones recolectores dan a cada bolsa un destino diferente, ya que los lectores ópticos de las plantas procesadoras están calibrados para diferenciar colores. Y de todo se saca alguna utilidad.
Entre otras aplicaciones, las escuelas de Oslo reciben electricidad de estas plantas y casi la mitad de la capital noruega cuenta con calefacción gracias al procesamiento de los residuos domiciliarios.
Donde otros ven "desperdicios", los noruegos encuentran un potencial energético.
IMPORTANDO BASURA
Pero con tanta eficiencia, Oslo se fue quedando sin basura para sus plantas y desde el 2009 comenzó a importarla de municipios deInglaterra. "Ya el 12% de los residuos que utilizamos para hacer funcionar nuestra planta de Klemetsrud, en Oslo, es importada", explicó Pal Mikkelsen, director general de Energigjenvinningsetaten (la agencia municipal que procesa la basura).
De esta manera, la capital noruega llegó a un punto superior en el tratamiento de desperdicios al sacar provecho de los residuos que desbordan a otros países.
Pero ¿cómo se dio esta paradoja de que una potencia petrolera mundial se haya convertido en un modelo en la utilización de energías renovables, y uno de los países más industrializados esté al frente de los que cuidan el medio ambiente?
Haciendo una comparación con otras áreas de la vida y la cultura noruega, quienes conocen a fondo el "alma" de este país señalan que no es llamativo que haya sido el pintor noruego más conocido, Edvard Munch (1863-1944), quien realizó el famoso cuadro El grito. Allí, el hombre y la naturaleza están compenetrados de tal forma que todo lo que rodea al personaje principal del cuadro se ve trastornado por su grito.
"La integración entre el noruego y la naturaleza es un ingrediente vital de nuestra identidad nacional", escribió en su blog el antropólogo Thomas Hylland Eriksen.
"Los fines de semana los parisinos y los londinenses se vuelcan en masa a visitar sus museos, galerías, restaurantes y cines. Pero enOslo la gente satura las estaciones de ómnibus y de trenes que llevan a los bosques, las montañas y los fiordos. A falta de grandes construcciones y monumentos históricos, los noruegos se enorgullecen de la imponencia de sus paisajes", agrega.
Hasta el himno nacional es una declaración de amor por la naturaleza: "Sí, amamos este país que se yergue robusto, capeando por encima del mar", comienza la letra.
Así es como un hobby nacional de esta moderna nación sigue siendo, como en los viejos tiempos, la recolección de frutos y hongos silvestres, y también la caza y la pesca.
Por eso los noruegos tienen una obsesión particular por cuidar la naturaleza, su bien más preciado.
"Cuando vamos a pasar el día a los bosques siempre llevamos bolsas de los tres colores en el auto para traer la basura ya clasificada de regreso a casa", comentó Kjersti Album.
Su marido, Martin Ytre-Eide, un astrofísico de 36 años, recordó la resistencia inicial de la gente cuando se lanzó hace algunos años el sistema de separación por colores.
"Muchos protestaban porque no era tan sencillo conseguir los diferentes tipos de bolsas. Pero ahora la municipalidad las provee de forma gratuita en los supermercados. Así que no es algo complicado de hacer", señala Ytre-Eide.
La cuestión del medio ambiente involucra también a los chicos en edad escolar. En el jardín de infantes, la maestra de Erik, de cinco años, les propuso como objetivo a sus alumnos reducir la cantidad de desperdicios. Para eso, una vez a la semana pesan en una balanza que hay en el aula la cantidad de basura producida por el grupo y conversan sobre la forma de disminuirla.
Junto a la utilización de la basura como energía y su reducción, otra ambiciosa meta que se fijó el gobierno comunal es disminuir el uso del petróleo, un tesoro que paradójicamente tienen en abundancia. Aspiran a bajar a la mitad la emisión de los gases de efecto invernadero (CO2) para 2030, convirtiendo a la ciudad en una de las más verdes del planeta.
"Cuatro toneladas de desechos tienen el mismo poder energético que una tonelada de combustible líquido fósil, que además es muchísimo más contaminante", explicó el ingeniero Mikkelsen.
PROCESO
Desde afuera, la planta de Klemetsrud para la conversión de basura en energía se puede confundir con un hotel cinco estrellas, con su imponente frente de paneles vidriados que semejan velas de un navío vikingo. No hay ningún rastro ni olores que indiquen que allí se procesan unas 300.000 toneladas de basura por año. Sólo la diferencia una chimenea de la que sale vapor, en un 99% de agua pura.
El proceso que se sigue es muy sencillo. Primero, un lector óptico se asegura de separar las bolsas por color. Las azules, con plásticos, son enviadas para reciclarlas en nuevos productos plásticos. Las verdes, con restos de alimentos, se usan para obtener fertilizantes y el biogás con que funcionan los ómnibus de la ciudad. Y las blancas van a incineración a un horno a 850°C.
Ese calor hace hervir el agua de un contenedor y el vapor resultante tiene dos funciones: mueve una turbina que genera electricidad para las escuelas de la ciudad y, además, alimenta la red de calefacción urbana.
Tras la incineración, un 20% de la basura ingresada se convierte en cenizas que son enterradas en rellenos sanitarios.
"Todas nuestras plantas de Oslo procesan en total unas 410.000 toneladas de basura anuales, pero la capacidad es mucho mayor, con lo que estamos en condiciones de brindar energía y calefacción a mucha más gente. Por eso comenzamos hace cinco años a importar residuos de otros países, comenzando por Inglaterra", explica Mikkelsen.
En realidad, lo de la importación es un buen negocio para esta agencia municipal. El tratamiento de los desechos es considerado un "servicio" y por eso los noruegos cobran a los ingleses entre 30 y 40 dólares por tonelada para recibir su basura hogareña lista para incinerar (sin plásticos, metales ni vidrios). Dicho de otra forma, los ingleses pagan a Oslo para darle el "combustible" que hace funcionar las plantas. Y de allí los noruegos obtienen electricidad y calefacción que venden a sus clientes. Lo que se dice un negocio redondo.
CRÍTICAS
Pero no todos en Noruega están contentos con la cuestión de la importación de residuos y la producción de energía a partir de los desperdicios.
El grupo ambientalista más antiguo del país, Naturvernforbund (afiliada de Friends of the Earth), sostiene que el planteo debe ser totalmente diferente.
"Nuestra prioridad tiene que ser la reducción de la basura que producimos", dijo Lars Haltbrekken, director de la organización. Y brinda cifras. En 1992, cada noruego producía 237 kilos de basura por año, y veinte años más tarde el número subió a 430 kilos.
"Somos un país rico y cada vez consumimos más y producimos más basura. Eso es un problema grave que hay que atender. Por eso, además de la reducción, la segunda prioridad debería ser alentar a la gente a reutilizar las cosas, desde sus envases de vidrio hasta las bolsas de compras, etcétera. El tercer punto es el reciclaje. Y sólo en el cuarto lugar ubicaríamos la generación de energía a partir de los desechos", señala Haltbrekken.
El especialista aplica el mismo criterio respecto de la importación de residuos. "Debemos tener una visión global del cuidado del planeta, y no se puede alentar a que otros países se desentiendan de su basura porque saben que finalmente los noruegos y otros pueblos nórdicos tienen capacidad para procesarla", dijo.
Los cierto es que Noruega, que suele encabezar varios listados globales, como el de los países con mejor calidad de vida, más equitativos, más prósperos, menos corruptos y hasta más felices, ahora se puede ufanar de sacar buen provecho de lo que la mayor parte del mundo sólo considera desechos inservibles que terminan contaminando la tierra en algún basural.
Fuente: La Nación, Argentina/ GDA

lunes, 10 de noviembre de 2014

MONSTER BOATS-SOBREPESCA



Monster boats, una lacra para los océanos


La flota pesquera europea no ha parado de crecer durante décadas, hasta el punto de que la capacidad de pesca de estos barcos supera a las posibilidades de pesca, es decir “hay demasiados barcos para tan poco pescado”.
Pesca sostenible
La sobrecapacidad es un factor crítico de la sobrepesca, y de seguir así, el futuro de las pesquerías está en peligro.

Además, algunos de los barcos europeos utilizan métodos de pesca destructivos, tienen un tamaño demasiado grande y causan impactos sociales en las comunidades costeras de los países donde faenan, dentro y fuera de Europa.

El gobierno debe cumplir la Política Pesquera Común, que recoge específicamente que se deben tomar medidas para identificar la sobrecapacidad y llevar a cabo planes de acción. 

En este informe Greenpeace identifica 20 de los buques pesqueros de la UE más destructivos, que son un claro ejemplo del tipo de buques que el gobierno debe retirar para salvar los océanos y a las comunidades que dependen de ellos.
En la lista se encuentran 5 barcos con bandera española. 



miércoles, 1 de octubre de 2014

CAMBIO CLIMATICO; EMPLEO Y RIQUEZA

Las políticas dirigidas a mitigar el cambio climático pueden generar empleo y riqueza

El informe "La Suma de los Beneficios" analiza las ganancias de una serie de medidas sobre transporte y eficiencia energética en la industria y en la construcción


Las vías que pueden tomar los diferentes países para ir consolidando una transición energética que va desde un modelo basado sobre todo en la quema de combustibles fósiles, a un modelo menos contaminante basado en lo que se llama economías bajas en carbono, son las protagonistas del último informe publicado por el Banco Mundial y la Fundación Climate Works, denominado "La Suma de los Beneficios", que demuestra que cuidar el planeta es económicamente rentable. Por Rosae Martín Peña.


"El cambio climático es el mayor fallo de mercado en la historia humana"  dijo Sir Nicholas Stern en 2006. Sin embargo, recientemente se han publicado dos informes que vienen a proponer medidas concretas para reducir sobre todo las emisiones de CO2, ya que existe una creciente preocupación por el cambio climático causado por los gases de efecto invernadero, y hay que recordar que la energía es la principal responsable de estas emisiones. 

Cambio climático y desarrollo 

¿Qué es lo que ha llevado a los países a plantearse más de cerca este problema? Según el informe La Suma de los Beneficios, publicado por el Banco Mundial y la Fundación Climate Works, las políticas gubernamentales deben estar enfocadas a mitigar el cambio climático, puesto que los resultados no sólo se verían reflejados en el crecimiento económico, sino que también traerían consigo otros beneficios para la salud, mayores fuentes de empleo y mejor calidad de vida. 

En el informe se exponen argumentos que invitan a tomar medidas urgentes en relación al cambio climático, y se exponen algunos ejemplos de prácticas que se están aplicando en países en desarrollo como Brasil, India y México. 

El informe se centra en la Unión Europea y  en cinco países —Brasil, China, Estados Unidos, India y México—. En él se utiliza un nuevo marco de elaboración de modelos para examinar los considerables beneficios que pueden generarse a través de ambiciosas políticas de mitigación del cambio climático en los sectores del transporte, la industria y la construcción, y en relación con los desechos y los combustibles utilizados para cocinar. 

En el informe se habla asimismo de cómo las políticas gubernamentales que promueven cambios en pos de la adopción de un transporte no contaminante, y un aumento de la eficiencia energética en fábricas, edificios y artefactos pueden incrementar el crecimiento del PIB mundial en una suma estimada entre US$1,8 billones y US$2,6 billones anuales para 2030. 

Reducción de las sustancias contaminantes de corta vida 

Algunos de los beneficios que supondrían un descenso de los niveles de CO2 tienen que ver con la reducción de las emisiones de los llamados contaminantes climáticos de corta vida (SCLP por sus siglas en inglés).  

Los SCLP son sustancias como el carbono negro de los vehículos diésel y de los fogones que se utilizan para cocinar, el metano de las operaciones mineras y de los vertederos, el ozono que se forma cuando la luz del sol interactúa con las emisiones de centrales eléctricas y vehículos, y algunos tipos de hidrofluorocarbonos. 

La disminución de estas emisiones podría evitar, según se estima en el informe, 2,4 millones de muertes prematuras, y la pérdida de cerca de 32 millones de toneladas de cultivos al año.  

A diferencia del CO2, los SLCP no perduran en la atmósfera por siglos, sino que son eliminados en semanas o años. Evitar la acumulación de contaminantes en la atmósfera ayudaría por sí solo a reducir el calentamiento, y dar tiempo para desarrollar e implementar efectivas intervenciones en materia de CO2.

Cuantificar los beneficios en el futuro 

Según afirma Rachel Kyte, vicepresidenta y enviada especial del Grupo del Banco Mundial para el Cambio Climático, en declaraciones recogidas en la web del Banco Mundial, “este estudio presenta argumentos a favor de tomar decisiones que permitan salvar vidas, crear empleos, hacer crecer las economías y, al mismo tiempo, aminorar la velocidad del cambio climático. Si ignoramos estas oportunidades, ponemos en peligro a nuestros hijos y a nosotros mismos”. 
  
Hasta el momento no se habían incluido en los análisis económicos los beneficios socioeconómicos y los factores ambientales externos, ya que no podían cuantificarse con facilidad. Pero en este informe se detallan de manera más concreta los diseños de modelos macroeconómicos que proporcionan un panorama más completo de los cobeneficios de las inversiones con fines de desarrollo. 

En la propia página del Banco Mundial, se calcula que los beneficios anuales de estas políticas para el año 2030 incluyan la prevención de 94 000 muertes prematuras y un crecimiento aproximado del PIB de entre US$1,8 billones y US$2,6 billones. Además, estas políticas permitirían evitar la producción de 8.500 millones de toneladas métricas de emisiones de CO2.

Diferentes soluciones energéticas para cada país 
Recientemente también se ha hecho público el informe Pathways to Deep Decarbonization o Vías para una descarbonización en profundidad, editado  por una iniciativa conjunta con el mismo nombre constituida por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU (Sustainable Development Solutions Networks), SDSN y el Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales (Institute for Sustainable Development and International Relations), IDDRI. 

El informe se centra sobre todo en pautas concretas para que los países puedan llevar a cabo esa transición energética, y presenta tres ejes sobre los que se estructuran las alternativas planteadas, que son: En primer lugar, la conversión del sistema eléctrico actual en otro bajo en carbono a través de diferentes combinaciones energéticas, y en función del país. 

En segundo lugar, se plantea la electrificación de automóviles, edificios y diversos procesos industriales, y, por último, se habla de propulsar la eficiencia energética a gran escala, por ejemplo, mediante el impulso de la mejora de los diseños de los edificios y la reducción drástica de la necesidad de energía exterior para calefacción y refrigeración. 

Las vías descarbonizadoras identificadas para cada país difieren y dependen de factores como la estructura industrial, la aceptación pública o el grado de desarrollo, pero comparten la necesidad de la cooperación tecnológica, el apoyo financiero y la coordinación de políticas. 

Según han avanzado los responsables del informe, a lo largo de 2015 los expertos de este proyecto publicarán un estudio como prolongación de este en el que se encargarán de medir los costes y los beneficios de realizar la transición energética, y explorará cómo estos costes pueden ser distribuidos entre países con diferentes niveles de desarrollo.

Rosae Martín es periodista, investigadora, y redactora de Tendencias 21

jueves, 27 de marzo de 2014

MOVIMIENTO POR EL DECRECIMIENTO

Movimiento por el decrecimiento: Consumir menos para vivir mejor

Pretende ser una alternativa al modelo de crecimiento vigente, y promover una prosperidad estable, solidaria y duradera


El movimiento por el decrecimiento trata de romper la teoría de que para ser feliz hay que consumir y producir más. Además, los defensores de esta teoría afirman, que el modelo económico actual persigue un crecimiento ilimitado a partir de recursos limitados y que producimos basura a un ritmo imposible de asumir por los ecosistemas.


Decrecer, reducir la velocidad, reflexionar antes de actuar, cuestionar si es necesario un objeto o no; parar a leer o simplemente a contemplar... 

Estos conceptos son difíciles de interiorizar y de poner en práctica cuando el tiempo se mide en términos de rentabilidad, y pasa factura a aquel que no es capaz de sacarle el máximo rendimiento. 

A este hecho se une el que la tecnología y las modas cambian a una velocidad de vértigo. Por lo tanto, el paradigma que impera en la actualidad es: "si no te adaptas, te quedas obsoleto". 

Frente a este modelo de crecimiento ilimitado a partir de recursos limitados, surge el movimiento del decrecimiento en el que confluye la crítica ecológica y la crítica de la sociedad de consumo. Esta iniciativa clama contra la cultura de usar y tirar, la obsolescencia programada, el crédito fácil y la explotación de los recursos naturales, que amenazan el futuro del planeta. 

La teoría del decrecimiento podría resumirse en la siguiente frase del filósofo y periodista austriaco André Gorz : “Intenten imaginar una sociedad fundada en estos criterios. La producción de tejidos muy resistentes, de zapatos que duren años, de máquinas fáciles de reparar y capaces de funcionar un siglo, todo ello está, desde hace tiempo, al alcance de la técnica y de la ciencia, de la misma forma que la multiplicación de instalaciones y de servicios colectivos (de transporte, de lavado, etc.) que nos libren de la compra individual de máquinas caras, frágiles y devoradoras de energía". 

"La civilización del desperdicio" 

El divulgador científico español Manuel Toharia recoge en un artículo una sinopsis de la obra "La civilización del desperdicio", del periodista y sociólogo pionero de las preocupaciones ambientales en España, Juan Ignacio Saénz Díaz. 

Este libro se centra en cómo los ciudadanos de los países del norte, los individuos y no sólo las grandes corporaciones o gobiernos se comportaban como los nuevos ricos a la hora de usar y malgastar los recursos que están a disposición de todos. 

En los países ricos no existen topes ni al consumo ni a la producción. Y, si los casi 7.200 millones de personas que habitan el planeta viviesen como los ciudadanos de los países desarrollados, el mundo sería totalmente insostenible a causa del consumo per cápita de agua, energía, minerales y suelo para cultivos o viviendas. 

La otra faceta a la que alude en su libro el periodista y sociólogo Saénz Díaz es la preocupación por los desechos que producimos, y por las desigualdades del mundo, ya que en ocasiones la sociedad industrializada que fomenta una economía de mercado con intención de conseguir cada año mejores ratios de crecimiento anual (al menos eran los objetivos hasta la crisis de 2008), no fomenta la reutilización de lo producido, y prefiere la huida hacia delante del creciente consumo de materias primas, en vez de reciclar las utilizadas. 

Orígenes del decrecimiento 

El crecimiento económico está unido a los principios de la economía convencional y hace referencia exclusivamente a parámetros estrictamente económicos. Así, las economías que estén en situación de crecer deben de hacerlo al menos aumentando su PIB al menos un 3% anual, y así se mantiene el bienestar, el empleo... 

La idea concreta del decrecimiento nace de pensadores críticos con la idea de desarrollo y con la sociedad de consumo, entre ellos Ivan Illich, André Gorz o Cornelius Castoriadus. Dentro del campo estrictamente de la economía, tras el informe del Club de Roma de 1972 aparecen voces críticas como la del economista, Herman Daly, un norteamericano que recibió el Nobel Alternativo en 1996, y que propuso la tesis del crecimiento 0. 

Aunque fue Georgescu Roegen, un economista rumano y padre de la bioeconomía el que introdujo el concepto de decrecimiento, tal y como se entiende ahora mismo. Roegen realizó en la década de los 70 algunas propuestas en esta dirección como: dejar de fabricar armamento para matarnos, ajustar la población mundial a la cantidad de personas que podrían alimentarse en el planeta con agricultura ecológica o permitir la libre circulación de personas entre países sin restricción. 

Sin embargo, fue en la década de los 90 cuando se sentaron las bases teóricas que consolidarían y armarían el movimiento por el decrecimiento con autores como Latouche y Schneider, entre otros. Entre las voces mundialmente conocidas está la del profesor Latouche, que afirma que no hay que entender el decrecimiento como una alternativa concreta al modelo actual, sino como una llamada de atención a los riesgos de la situación que vivimos, un slogan que agita conciencias, un grito por el cambio.

Ser más feliz con menos 

El pasado mes de enero, el profesor emérito de Economía de la Universidad París-Sud, Serge Latouche, referente mundial del movimiento por el decrecimiento ofreció en el Colegio Mayor Larraona de Pamplona una conferencia titulada "El decrecimiento, ¿una alternativa al capitalismo?". En ella, Latouche pidió que la sociedad establezca una autolimitación de su consumo y de la explotación ambiental. 

Además Latouche asegura, en una declaración recogida en ecoportal, que "vivimos fagotizados por la economía de la acumulación, que conlleva a la frustración y a querer lo que no tenemos y ni necesitamos". Esto, añade, "conduce a estados de infelicidad". Para el profesor Latouche, "la gente feliz no suele consumir". 

En la misma línea está el ingeniero técnico forestal, fundador de Aviat que fue la primera asociación ecologista de Valencia y miembro de ecologistas en acción, Julio García Camarero, quién ha escrito varios libros en los que promueve la teoría del decrecimiento feliz. 

En una entrevista para el diario El País, García Camarero asegura que "seríamos más felices si dejáramos de caer en el consumismo, porque contaminaríamos menos, agotaríamos menos recursos, trabajaríamos menos y tendríamos más tiempo para divertirnos y para las relaciones humanas". 

Además, Camarero señala que el único decrecimiento negativo es el de los recortes y afirma, que "el problema no son los puestos de trabajo sino las horas de trabajo. Si en lugar de tener 40 horas laborales se redujeran a 12, y se repartieran entre todos, todos tendrían trabajo y habría más tiempo para relacionarnos". 

Del desarrollo sostenible al decrecimiento sostenible 

Aunque ya el Club de Roma hablase en el año 1972 de los límites del crecimiento, es ahora, cuando la crisis energética y ambiental parece estar más asumida, cuando parece que el concepto de desarrollo sostenible permitiría que siguiéramos viviendo como hasta ahora sin dañar al planeta. 

El concepto de desarrollo sostenible aparece por primera vez en el llamado Informe Brundtland de 1987. Este concepto se consolidaría años más tarde en la Cumbre de Río de 1992, momento en el que se crearon las llamadas Agendas 21, que son planes concretos para llevar a la práctica acciones que persiguen de manera directa la sostenibilidad. 

Sin embargo, muchos autores ven como el desarrollo sostenible está sirviendo para mantener la fe en el crecimiento en los países industrializados. Otros autores van más allá y piensan directamente que el desarrollo sostenible es una conjunción imposible y contradictoria. 

El hecho es que el término sostenible se ha generalizado y se aplica ahora a cualquier proyecto, además aparece cada vez con más frecuencia en boca de gestores, políticos, constructores... y se precisa por lo tanto de un contexto más concreto y de una definición más precisa a la hora de hablar de sostenibilidad. 

En el artículo Decrecimiento: camino hacia la sostenibilidad, la bióloga, Pepa Gisbert Aguilar explica cómo la palabra decrecimiento parece más adecuada que el concepto extendido de desarrollo sostenible, porque su significado es claro. Gisbert Aguilar dice así: "sólo hay un camino posible, vivir con menos, y el reto es este ahora mismo, en vivir mejor con menos".

http://www.tendencias21.net/author/Rosae-Martin-Pena