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viernes, 22 de julio de 2016

TURQUIA CAMINO DE UNA DICTADURA

¿Por qué algunos hablan de un "autogolpe" en Turquía?


¿Por qué el intento de golpe de Estado en Turquía pareció estar tan mal preparado? ¿Por qué aparentemente no hubo apoyo de los altos mandos militares? ¿Por qué no aislaron al presidente Recep Tayyip Erdogan inmediatamente?
Estas son algunas de las grandes interrogantes que se han planteado después de que fuera sofocado el levantamiento del viernes por la noche contra Erdogan.
Mientras el gobierno de Turquía asegura que el país ha regresado a la normalidad, sigue imponiendo medidas severas contra los que señala de ser simpatizantes del alzamiento militar.
Los adeptos del presidente Erdogan se agrupan en sitios públicos para manifestar su apoyo al gobierno y clamar por el retorno de la pena de muerte para los golpistas.
Al mismo tiempo, surgen diversas teorías sobre los motivos y la autoría del fallido golpe. Algunas, particularmente entre grupos seculares en Turquía, señalan la posibilidad de que se trató de un montaje o autogolpe.

"Golpe kamikaze"

Entre sus razones para hablar de golpe simulado, está que no todos los miembros de las fuerzas armadas se unieron a los golpistas.
Era obvio que no contaban con suficiente apoyo, así que ¿por qué lanzar un golpe de Estado si no existía posibilidad de éxito?
Las fuerzas golpistas dispararon a los civiles. "En ningún golpe anterior en Turquía se ha visto semejante situación", comentó Ebru Dogan, editora del Servicio Turco de la BBC.
"¿Cómo pretendían ganarse el apoyo del pueblo matando gente?", se preguntó.
Por otra parte, los golpistas no sitiaron ninguno de los lugares de la autoridad civil, ni atacaron a tiempo el hotel donde estaba veraneando el presidente Erdogan.
Si lo primero que hay que hacer en un golpe de Estado es neutralizar el liderazgo del gobiernolos alzados en Turquía no lo hicieron.
"Todo tiene aspecto de un operativo mal planeado y mal ejecutado. Hasta lo están llamando un 'golpe kamikaze'", afirmó Dogan.
La sensación de un "fracaso anunciado" es el argumento más fuerte de aquellos que creen que se trató de una estrategia del mandatario para ganar más poder, especialmente ahora que Erdogan ha salido fortalecido.

"Como Hitler en 1933"

A esas voces se unió el disidente y exiliado clérigo Fethullah Gülen a quien el propio Erdogan acusó de ser autor intelectual del conato de golpe.
  • ¿Quién es Fetullah Gülen, el hombre al que acusan de estar detrás del golpe 

Hablando con periodistas desde su residencia en Pensilvania, Estados Unidos, Gülen no sólo rechazó las acusaciones de tener una mano en el levantamiento pero insinuó que bien pudo tratarse de un autogolpe.
"Existe la posibilidad que pudo ser un montaje y que pudo tener la intención para hacer más acusaciones contra gulenistas y militares", expresó.
El clérigo dirige desde el exilio un movimiento popular llamado Hizmet. Gülen fue anteriormente un aliado de Erdogan y su partido AKP, pero rompió relaciones tras un escándalo de corrupción en 2013 y se convirtió en su acérrimo rival.
El movimiento Hizmet cuenta con un considerable apoyo popular dentro de Turquía, tanto a nivel social como religioso. Erdogan lo señala como un movimiento que busca crear un "Estado paralelo" y ha ordenado el cierre de varias escuelas e institutos gulenistas.
Durante una alocución pública el sábado, Erdogan instó al presidente Barack Obama a arrestar y deportar a Gülen.
El gobierno de Ankara informó, este martes, que estaría enviando documentos a Washington para sustentar su pedido de extradición del clérigo de 75 años.
En sus declaraciones desde Pensilvania, Gülen especuló sobre las represalias que se estarían tomando contra los supuestos líderes del fallido golpe y comparó las tácticas de Erdogan con las de Hitler, que en 1933 utilizó el incendio del Parlamento alemán como pretexto para suspender las libertades civiles, arrestar a la oposición y eliminar rivales.
Varios usuarios de las redes sociales han hecho eco de esta observación, aludiendo la oportunidad que el presidente turco tiene ahora de purgar las fuerzas militares e incrementar su poder en el país.

Golpe apresurado

Pero hay argumentos igualmente válidos para sustentar que, efectivamente, huboun complot militar que falló por falta de preparación.
Ezgi Bazaran, periodista y académico turco invitado a la Universidad de Oxford, escribe en el sitio en inglés de la BBC que los eventos del 15 y 16 julio fueron demasiado lejos para considerarlos un "montaje".
Bazaran dice que hay otra teoría que "proviene de una fuente policial".
Esta dice que los planes para un golpe de Estado estaban sobre la mesa pero que el gobierno del AKP ya había dado la orden para arrestar a elementos militares partidarios de Gülen el 16 de julio y acusarlos de espionaje.
La fuente asegura que los líderes del complot se enteraron de esa orden y decidieron lanzar el golpe antes de lo anticipado, lo que explica su pobre ejecución.
Pudo ser una situación de "ahora o nunca", añadió Ebru Dogan del Servicio Turco de la BBC.
"Los golpistas pudieron pensar que el jefe del Estado Mayor Conjunto -que no tuvo cartas en el asunto- les hubiera brindado apoyo una vez la acción hubiera progresado, pero no fue así", dijo Dogan.
Este lunes, el ex general Gen Akin Ozturk es uno de los militares de alto rango acusado de traición, fue presentado ante un tribunal, donde negó las acusaciones de organizar el intento de golpe de Estado.

"Un regalo de Dios"

Ebru Dogan del Servicio Turco de la BBC, también dio una explicación de por qué los militares sublevados no pudieron rodear y asilar a Erdogan.
Resulta que el hotel donde el presidente estaba descansando se había mantenido en secreto. Para cuando las fuerzas golpistas se enteraron del paradero de Erdogan, ya era muy tarde.
"Un alto general", dijo nuestra colega del Servicio Turco, "llamó a Erdogan para decirle que se fuera a Ankara donde le podía garantizar su seguridad".
El presidente salió a bordo en uno de tres aviones que tomaron vuelo para minimizar la posibilidad de que fuera derribado por artillería antiaérea.
"Un montaje de golpe, si lo hubo, también puede ser algo muy arriesgado", concluyó Ebru Dogan.
Cualquiera que sea la teoría, lo cierto es que Recep Tayyip Erdogan ha salido fortalecido tras el frustrado golpe.
Ya cuenta con asidero suficiente para efectuar una purga de los burócratas y militares opositores, así como el cierre de universidades y medios de comunicación críticos del gobierno.
Erdogan mismo declaró que el intento de golpe ha sido "un regalo de Dios" que le ha dado "la razón para limpiar el ejército".
Esos operativos ya ha empezado con el arresto de unos 6.000 miembros del poder judicial y del ejército, incluyendo generales.
Según los más recientes informes, casi 8.000 agentes de la policía fueron suspendidos bajo sospecha de tener vínculos con el levantamiento del fin de semana.
BBC Mundo

sábado, 9 de julio de 2016

El fin de las pensiones públicas

Desmontando la trampa del fin de las pensiones públicas


Tras la segunda vuelta de las elecciones generales nos llega, convenientemente filtrada, la información de que el fin de las pensiones públicas puede estar a la vuelta de la esquina; en concreto a finales de 2017 o, como mucho, en 2018.
Los medios de desinformación nacionales e internacionales, junto con el manido argumento del envejecimiento de la población española, se centran en otras explicaciones como “razones” del previsible fin de las pensiones públicas.
La primera de ellas tiene un fondo de realidad innegable, si bien no se encuentra en ella la razón de una crisis de este sistema de protección de la vejez, como veremos más adelante. Me refiero al hecho de que el gobierno del PP ha estado metiendo la mano, más o menos desde que Rajoy alcanzó la presidencia, a la caja de galletas; es decir, al Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Del fondo se han ido detrayendo recursos para políticas de incentivos a la contratación por cuenta ajena o a las altas de trabajadores por cuenta propia, las llamadas tarifas planas, etc. Desde 2011, año de llegada del PP al gobierno, la cifra del fondo ha descendido desde los  66.815 millones de euros hasta los 25.176. Total, que el gobierno se ha pulido 41.639 millones. Echarle la culpa de ello, como hacen algunos, al monto de las  pagas extraordinarias de las jubilaciones es, cuando menos, obsceno.
Es evidente que la precarización del empleo, los bajos salarios, los altos niveles de desempleo, con menor número de cotizantes a la S.S. o el incremento del fraude a esta, por citar sólo algunos factores, han tenido mucho que ver con el momento en el que nos encontramos. Y no lo es menos que el gobierno del PP, mediante un Decreto Ley, suspendió entre 2012 y 2014 el límite de disposición anual del fondo de reserva, que estaba establecido en unos 3.500 millones de euros por año, para ampliar las cifras del saqueo, amparándose en la “circunstancia especial de la crisis” capitalista. En definitiva, durante estos años el fondo de reserva ha sufrido un deterioro continuo derivado de unos ingresos muy inferiores a las salidas del mismo.
Pero he aquí que, a través de la prensa extranjera y nacional hemos sabido que no todo el dinero sacado del fondo de reserva de la Seguridad Social iba destinado al pago de las pensiones, ni mucho menos, como tampoco a las dos pagas extraordinarias de los pensionistas sino a otros fines más espurios. Y sin embargo, hemos estado distraídos en este tiempo en el pressing catch de los partidos, las acusaciones de corrupción de unos a otros y en mil señuelos más.
El “Wall Street Journal”, poco sospechoso de conspiranoico, informaba el 3 de de Enero de 2013 de una noticia que no tuvo demasiada repercusión en España. Y es que gran parte del fondo de reserva estaba siendo empleado por el gobierno de España para comprar deuda pública española, toda vez que el descenso de los tipo de interés empezaba a ser menos atractivo para los compradores privados de la misma.
“España ha estado vaciando sigilosamente la mayor alcancía del país, El Fondo de Reserva de la seguridad Social, que ha usado como comprador de última instancia de los bonos del gobierno, una operación dudosa sobre el papel del fondo como garante de las futuras pensiones”, decía el diario.
Es decir, el gobierno del PP estaba cometiendo un fraude de ley como la copa de un pino, lo cuál es un delito de descapitalización consciente de la S.S. y debiera dar solidariamente con los huesos de todo el gobierno desde entonces hasta ahora, incluido el impávido Rajoy, en la cárcel. Para el lector poco avezado que lea el artículo mencionado, aclaro que el “billion” inglés no equivale al billón español sino a 1.000 millones.
Al día siguiente, el diario alemán “Deutsche Wirtschafts Nachrichten”denunciaba el mismo hecho en un artículo cuyo título, traducido al castellano, era “España saquea los fondos de pensiones [fondo de reserva] para las compras de bonos del gobierno”. El también alemán Der Spiegel” insistía el 4 de Enero del mismo año sobre la cuestión.
Incluso “El País” informaba sobre este tema casi un año antes, en abril de 2012.
¿A nadie le sorprende que cuando dos medios alemanes, y uno norteamericano de gran influencia mundial, se hacen eco de esta actividad delictiva, las instituciones de la UE dedicadas a descubrir y combatir comportamientos fraudulentos y peligrosos de los gobiernos no tomasen en más de 3 años acción punitiva alguna contra el gobierno español? ¿Tan poco importante es para dichas instituciones que un país miembro de la Unión haga peligrar de este modo el futuro de las pensiones, lo que afectaría no sólo a lo que tanto afirman que les preocupa, la cohesión social, sino a la recuperación real de la economía española? Les adelanto que les importa un carajo. Es más, forma parte de la estrategia, de distintas velocidades según países, para acabar con las pensiones públicas con el fin de abrirle mercado de negocio al sistema financiero mediante las pensiones privadas.
Mientras tanto, en estos años, fundaciones ligadas a bancos y a aseguradoras se han dedicado a meter el miedo en el cuerpo de la clase trabajadora sobre la supuesta insostenibilidad de las pensiones públicas, con el fin de que los trabajadores se hagan unos planes de pensiones a futuro, que ya veremos qué resultado tienen.
Y en España ¿por qué este manto de silencio de partidos, sindicatos y patronal? La razón hay que buscarla en el asunto principal que no hemos tratado hasta ahora: el Pacto de Toledo de 1995.
Hasta 1995 las pensiones se financiaban mediante las cotizaciones sociales, añadiéndose después fondos de los Presupuestos Generales del Estado vía impuestos para complementarlas. A partir de entonces se abrirá una doble fuente de financiación, según tipo de pensión. Mientras las contributivas dependerán de las cotizaciones sociales del trabajador, las no contributivas irán con cargo a impuestos, en los Presupuestos Generales del Estado.
El Pacto de Toledo fue firmado, bajo el falso pretexto de “consolidación del sistema de pensiones” por todos los partidos parlamentarios, los sindicatos CCOO y UGT y la patronal CEOE. Esta es la explicación del pacto de silencio que los partidos tradicionales y los emergentes, ideológicamente no diferentes de los primeros, así como los dos principales sindicatos han hecho en las elecciones del 20D de 2015 y del 26J de 2016 respecto del tema de las pensiones.
El Pacto de Toledo convertía de facto a la Seguridad Social en algo ajeno y separado del Estado. Es llamativo que en otras cuestiones como la sanidad, la educación o las cotizaciones de desempleo dependan de los impuestos y las pensiones se vinculen a las cotizaciones de los trabajadores. ¿Acaso los empresarios, que reciben el beneficio del trabajo de sus empleados, no debieran pagar parte de esas cotizaciones? ¿No pretende justificarse el llamado Estado social de derecho -capitalista, por supuesto- sobre la base del mito de la solidaridad entre el conjunto de los españoles? La auténtica trampa, se encuentra aquí, en sacar las prestaciones por jubilación de la Hacienda pública y en tratarlas como un concepto estanco y ajeno al Estado. A partir del argumento de que deben ser sólo los trabajadores quienes paguen sus pensiones con sus cotizaciones sociales se estructura el discurso de la inviabilidad futura de las pensiones públicas, sobre el razonamiento manido del envejecimiento de la población, y se abre el camino hacia su supresión y la privatización de las mismas.
Por otro lado, el compromiso del Pacto de Toledo de actualizar anualmente las pensiones de acuerdo al coste de la vida fue burlado por el gobierno Zapatero cuando congeló las pensiones en 2011 y roto definitivamente por el gobierno del PP en 2013 al desvincularlas del coste de la vida, haciéndolas caer en la práctica.
Seguramente el tema dé para mucho más, como el desmonte de las falacias sobre la insostenibilidad a futuro de las pensiones, pero la principal conclusión a extraer es que el derecho a una pensión pública, asegurada y digna para cada trabajador/a no debe depender en modo alguno de sí mismo/a, ni de los avatares de las coyunturas económicas sino que ha de ser una cuestión obligatoria, nunca potestativa de los gobiernos de turno, un asunto del mismo Estado que dice garantizar derechos que no cumple. Ha de ser un derecho básico y obligatorio de toda persona que trabaja y, más allá aún, de todo ser humano porque, de lo contrario, no hay modo de garantizar su dignidad como persona ante su vejez.
Es necesario, en consecuencia, sortear el anzuelo que nos tiende el propio sistema y sus compinches  acerca de que el Fondo de Reserva de las pensiones se agotan. Aunque sea cierto que el gobierno Rajoy ha “distraído” ese dinero en gastos bastardos, por lo que debe pagar por ello incluso penalmente, es necesario romper con la lógica de aceptar en la práctica la amenaza del fin de las pensiones públicas porque ello supone situarse en el relato del enemigo de clase, la de su insostenibilidad, y exigir el mantenimiento de las mismas. La pelota debe estar en el tejado de la burguesía y de su “democrático” Estado capitalista. Ellos tienen la obligación de asegurar y proteger lo que su Constitución dice amparar y nosotros de exigírselo mediante la organización de la lucha en las empresas y en los barrios, sin concesión alguna ni desvió del objetivo principal: defender con uñas y dientes los derechos que nuestra clase conquistó un día.  Aclaro para desconocedores, que no fue ésta una concesión del franquismo, sino que tiene sus antecedentes en el Retiro Obrero Obligatorio de 1919, impensable sin las luchas sindicales de la CNT y de la UGT de entonces, que amenazaban con desbordar al Estado burgués de la época.
¡Ah! y para los que emplean expresiones de mal perdedor del tipo “disfruten de lo votado”, les sugiero que las guarden a buen recaudo porque ninguno de los partidos o coaliciones representados en el Parlamento actual llevaba en sus programas el fin del Pacto de Toledo y una legislación que contemplase una única fuente de financiación de las pensiones y es de allí, del Pacto de Toledo y de sus actualizaciones, de donde arrancan las amenazas contra ellas.
Por Jean Paul Marat para Diario 16

martes, 28 de junio de 2016

BREXIT Y GEOPOLITICA MUNDIAL

27 AÑOS DESPUÉS DE LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN 

El Brexit redistribuye las cartas de la geopolítica mundial

La prensa internacional se esfuerza ahora por imaginar cómo podría reactivarse la construcción europea, manteniendo a Rusia fuera de ella y, en lo adelante, sin poder contar con el Reino Unido. Por su parte, Thierry Meyssan estima que ya nada podrá evitar el derrumbe del sistema. Pero señala que lo que está en juego no es la Unión Europea en sí sino todo el conjunto de instituciones que permiten la dominación de Estados Unidos a nivel mundial e incluso la integridad misma de este último país.
Nadie parece entender las verdaderas consecuencias de la decisión británica de abandonar la Unión Europea. Los comentaristas, que se limitan a interpretar la política al nivel de los politiqueros y han perdido desde hace tiempo el conocimiento verdadero de los juegos de intereses regionales, se han focalizado en los detalles de una campaña absurda, protagonizada por dos bandos: el de los adversarios de una inmigración incontrolada y el de quienes amenazan al Reino Unido con los peores tormentos y calamidades.
Sin embargo, lo que realmente está en juego en esta decisión nada tiene que ver con esos temas. La diferencia entre la realidad y el discurso político-mediático es la mejor muestra de la enfermedad que padecen las élites occidentales: su incompetencia.
Aunque el velo se desgarra ante nuestro ojos, nuestras élites siguen sin entender la situación y están en una posición análoga a la del Partido Comunista de la Unión Soviética, que no supo prever las consecuencias de la caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989: disolución de la URSS en diciembre de 1991; disolución del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME, también conocido bajo las siglas COMECON); disolución del Pacto de Varsovia, 6 meses después; y los intentos de desmantelamiento de la propia Rusia, que estuvo a punto de perder Chechenia.
En un futuro muy próximo, asistiremos –siguiendo esa misma mecánica– a la disolución de la Unión Europea; posteriormente, a la disolución de la OTAN; e incluso, si no tienen mucho cuidado, al desmantelamiento de Estados Unidos.

¿Qué intereses se mueven
detrás del Brexit?

A pesar de lo que parece indicar la fanfarronería de Nigel Farage, el UKIP no provocó el referéndum que acaba ganar. La decisión de organizar esa consulta fue impuesta al primer ministro David Cameron por un grupo de miembros del Partido Conservador.
Esos personajes estiman que la política de Londres debe consistir en adaptarse de forma pragmática a la evolución del mundo. Esta «nación de tenderos» –así la llamaba Napoleón– observa que Estados Unidos ya no es la primera economía mundial, ni la primera potencia militar. Así que ya no hay razones para tratar de seguir siendo sus socios más cercanos.
De la misma manera que Margaret Thatcher, quien no vaciló en destruir la industria británica para transformar su país en polo financiero mundial, exactamente de esa misma manera, esas personalidades conservadoras no han vacilado en abrir el camino a la independencia de Escocia y de Irlanda del Norte, y por ende a la pérdida del petróleo del Mar del Norte, con tal de convertir la City en el primer centro financiero offshore del yuan.
La campaña a favor del Brexit contó con amplio apoyo de parte de la gentry [la nobleza media y clases adineradas] y del palacio de Buckingham, que movilizaron la prensa popular para llamar los electores a recuperar la independencia del país.
Al contrario de lo que afirma la prensa europea, la salida de los británicos de la Unión Europea no será lenta porque la UE se derrumbará rápidamente, antes de que transcurra el tiempo necesario para el cumplimiento de las negociaciones burocráticas de dicha salida. En el pasado, los Estados miembros del CAME no tuvieron que negociar su salida de ese órgano de integración económica ya que este simplemente dejó de funcionar en cuanto comenzó el movimiento de centrífuga. Los Estados miembros de la Unión Europea que se aferran a las ramas y se empecinan en querer salvar lo que queda de la Unión, van a dejar pasar la posibilidad de adaptarse a la nueva situación y se verán en peligro de sufrir las dolorosas convulsiones que caracterizaron los primeros años de la nueva Rusia: caída vertiginosa del nivel de vida… y de la esperanza de vida.
Para el centenar de miles de empleados, funcionarios electos y colaboradores europeos que inevitablemente perderán sus empleos y para las élites nacionales que también dependen de ese sistema, lo más conveniente sería reformar urgentemente las instituciones para tratar de salvarlas. Todos creen, erróneamente, que el Brexit abre una brecha que los euroescépticos van a tratar de aprovechar. Pero el Brexit no pasa de ser una respuesta a la decadencia de Estados Unidos.
El Pentágono, que actualmente prepara la cumbre de la OTAN en Varsovia, tampoco ha entendido que ya no está en condiciones de imponer a sus aliados el aumento de sus presupuestos militares y de obligarlos a respaldar sus aventuras bélicas. La dominación de Washington sobre el resto del mundo ha llegado a su fin.
Estamos cambiando de era.

¿Qué es lo que va a cambiar?

La caída del bloque soviético fue, en primer lugar, la muerte de una visión del mundo. Los soviéticos y sus aliados querían construir una sociedad solidaria, que pondría en común la mayor cantidad posible de cosas. Pero acabaron lastrados por una enorme burocracia y dirigentes anquilosados.
El muro de Berlín no fue derribado por los anticomunistas sino que cayó ante el empuje de una coalición de las juventudes comunistas y las iglesias luteranas. Querían refundar el ideal comunista sin la tutela soviética, sin policía política, ni burocracia. Pero las traicionaron sus élites que, después de haber servido los intereses de los soviéticos, se dedicaron con el mismo celo a servir los intereses de Estados Unidos. Los electores más comprometidos con el Brexit quieren, en primer lugar, recuperar su soberanía nacional y hacer pagar a los dirigentes del oeste de Europa la arrogancia con la que les impusieron el Tratado de Lisboa, a pesar de que los pueblos habían rechazado, en 2004-2007, el proyecto de Constitución Europea. Pero es posible que esos electores también sufran una decepción ante lo que viene.
El Brexit marca el fin de la dominación ideológica de Estados Unidos, de la democracia barata de las «Cuatro Libertades». En 1941, en su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente estadounidense Roosevelt las definió como (1) la libertad de palabra y de expresión, (2) la libertad de cada cual de honrar a Dios como le parezca, (3) la libertad de vivir sin penuria y (4) la libertad de vivir sin miedo [a una agresión extranjera]. Si los ingleses quieren volver a sus propias tradiciones, los ciudadanos de Europa continental volverán a los cuestionamientos de la Revolución Francesa y la Revolución Rusa sobre la legitimidad del poder y modificarán profundamente sus instituciones, llegando incluso a correr el riesgo de ver resurgir el conflicto franco-alemán.
El Brexit también marca el fin de la dominación militaro-economica de Estados Unidos –ya que la OTAN y la Unión Europea no pasan de ser las dos caras de la misma moneda, a pesar de que instaurar la Política Exterior y de Seguridad Común llevó más tiempo que implementar el libre intercambio comercial. Yo redactaba hace poco una nota sobre esa política ante Siria. Analicé todos los documentos internos de la Unión Europea, los públicos y los que no se han publicado, y llegué a la conclusión de que fueron redactados sin ningún conocimiento sobre lo que realmente pasa en el terreno, pero a partir de las notas del ministerio alemán de Relaciones Exteriores, que a su vez reproduce las instrucciones del Departamento de Estado de Estados Unidos. Hace varios años hice un trabajo similar para otro país y llegué a una conclusión también similar, sólo que en aquel momento el “intermediario” no era el gobierno alemán sino el gobierno francés.

Primeras consecuencias
dentro de la Unión Europea

En este momento, varios sindicatos franceses luchan contra el proyecto de ley sobre el Trabajo redactado por el gobierno de Manuel Valls y basado en un informe de la Unión Europea, informe que a su vez retoma las instrucciones del Departamento de Estado de Estados Unidos. Aunque la movilización de la CGT  ya permitió que los franceses descubrieran el papel de la Unión Europea en el asunto, el hecho es que todavía no acaban de entender la relación entre la UE y Estados Unidos. Han entendido que, al invertir las normas y anteponer los acuerdos a nivel de empresa a los acuerdos ramales, el gobierno cuestiona el predominio de la Ley sobre los contratos. Pero no conocen la estrategia de Joseph Korbel y sus dos hijas –su hija biológica, la demócrata Madeleine Albright, y su hija adoptiva, la republicana Condoleezza Rice. El profesor Korbel aseguraba que, para dominar el mundo, Washington no tenía más que imponer una rescritura de las relaciones internacionales en términos jurídicos anglosajones. Efectivamente, al poner el contrato por encima de la Ley, el derecho anglosajón privilegia a la larga a los ricos y poderosos en relación con los pobres y los miserables.
Es probable que los franceses, los holandeses, los daneses y otros pueblos también traten de separarse de la Unión Europea. Para lograrlo, tendrán que enfrentarse a las clases dirigentes de sus países. ¿Cuánto puede durar esa lucha? Es imposible predecirlo, pero es indudable el resultado. En todo caso, en medio del periodo de cambio que ya se anuncia, manipular a los obreros franceses resultara muy difícil. No será así con sus homólogos ingleses, actualmente desorganizados.

Primeras consecuencias
para el Reino Unido

El primer ministro David Cameron utilizó las vacaciones de verano como pretexto para posponer su renuncia hasta octubre. Su sucesor, que sería en principio Boris Johnson, tiene así tiempo para preparar el cambio y aplicarlo en cuanto entre en Downing Street. El Reino Unido no esperará hasta su salida definitiva de la Unión Europea para seguir su propia política, comenzando por apartarse de la política de sanciones contra Rusia y Siria.
Al contrario de lo que hoy escribe la prensa europea, el Brexit no afectará directamente a la City de Londres, o sea a la gran finanza. Dado su particular estatus de Estado independiente bajo la autoridad directa de la Corona, la City no ha sido nunca parte de la Unión Europea. Por supuesto, ya no podrá seguir siendo sede de algunas casas madres de empresas que tendrán que replegarse hacia los territorios de la Unión Europea. Pero podrá utilizar la soberanía de Londres para desarrollar el mercado del yuan. Ya en abril, la City obtuvo los privilegios necesarios para ello mediante la firma de un acuerdo con el Banco Central chino. Y también desarrollará sus actividades como paraíso fiscal para los europeos.
Si bien es cierto que el Brexit desorganizará temporalmente la economía británica, en espera de la adopción de nuevas reglas, es muy probable que el Reino Unido –o al menos Inglaterra– se reorganice rápidamente para sacar el mayor provecho de su nueva situación. Queda por ver si los promotores de este terremoto tendrán la sabiduría de hacer que también beneficie a su pueblo: el Brexit es un regreso a la soberanía nacional, pero no garantiza la soberanía popular.
El panorama internacional puede evolucionar de maneras muy diferentes, en función de las reacciones que ya aparecen. Pero, aunque algunos pueblos se vean afectados, ese panorama será mucho más realista, tanto como los británicos, en lugar de aferrarse a un sueño hasta acabar estrellándose contra la dura realidad.

lunes, 11 de abril de 2016

CUBA Y SU FUTURO

El futuro de Cuba
EL 21 de marzo pasará a la historia. La fotografía de Obama en la Plaza de la Revolución, depositando flores sobre el monumento de José Martí ante la figura de Che Guevara y Camilo Cienfuegos, es algo que no podremos olvidar. Nadie puede negar que la visita de tres días del presidente de EE.UU. ha sido cuidadosamente escenografiada. Salvo el extraño apretón de manos entre Raúl Castro y Barack Obama, nada ha sido fruto de la improvisación. Ni siquiera la ausencia más destacable, la de Fidel.
Este acontecimiento simboliza un nuevo tiempo para ambos países. La visita ha puesto el broche a una larga lista de movimientos diplomáticos. En diciembre de 2014, el presidente de EE.UU. reconocía al mundo que el aislamiento no había funcionado. Contra todo pronóstico, el embargo comercial de más de cincuenta años no había conseguido mejorar la situación del pueblo cubano. Se anunciaba así el restablecimiento de las conversaciones diplomáticas y un nuevo paquete de medidas flexibilizadoras para “poner el interés del pueblo de ambos países en el corazón de las políticas”. Más tarde, en abril, ambos presidentes se encontrarían en la VII Cumbre de las Américas y, en agosto, reabrirían sus respectivas embajadas.
En sus intervenciones públicas, en La Habana, Obama insistió en la necesidad de mejorar el respeto a los derechos humanos y las libertades políticas. Al fin y al cabo ese ha sido el motivo para justificar décadas de hostilidad. Tal vez se refería a la prisión estadounidense de Guantánamo, símbolo internacional de la injusticia, donde cientos de personas han sido detenidas ilegalmente y torturadas, o a todos los lugares a lo largo y ancho del planeta donde, por acción u omisión, se incumplen de manera sistemática los derechos humanos (por cierto, los derechos de las mujeres también son derechos humanos). Probablemente no tuvo ocasión de hacer referencia a esa parte; las preguntas incomodas estaban siendo dirigidas a Raúl Castro.
El tono de sus declaraciones era más o menos el esperado. Puede que ligeramente descafeinado, como denunciaba parte de la disidencia cubana, que calificó la visita de traición. Algo comprensible pues realmente no ha habido cambios en esa materia, al menos en los términos que esta plantea. Quizá, la ayuda de 30 millones de dólares para continuar apoyando su causa mitigue ese sentimiento.
Sabemos que la defensa de los derechos humanos es siempre una excusa recurrente. Los estados no invaden países o desestabilizan gobiernos. Resulta más apropiado decir que defienden la democracia y los derechos humanos en el mundo. Pero, no nos engañemos, ni Obama ni ningún líder político suele ir a otro país a hablar de derechos humanos. Van a hacer negocios.
El cambio de estrategia de EE.UU. en Cuba responde a dos cuestiones fundamentales. En primer lugar, a los intereses de las empresas estadounidenses, que llevan años quejándose por quedarse fuera del mercado cubano. Sobre todo desde que, en 2011, el gobierno cubano comenzara a implementar diversas medidas para la actualización del modelo económico. Desde entonces, numerosos gobiernos han ido acercándose a la isla como las abejas a la miel. François Hollande fue el primer líder europeo en hacerlo. Pronto lo hará Felipe VI.
Si hay algo que tienen en común todas las visitas institucionales es que los representantes políticos nunca viajan solos. Por si alguien no se hubiera dado cuenta, junto a Obama, numerosos senadores, congresistas y empresarios han visitado la isla. Un séquito de 800 personas, hombres en su mayoría, muy interesados en la defensa de los derechos humanos.
En segundo lugar, no podemos perder de vista los intereses geoestratégicos en América Latina. Es importante ampliar la mirada y entender de qué manera incidirá la normalización de las relaciones en la región. Mientras Obama mantenía su agenda oficial, el secretario de Estado John Kerry tenía la suya propia y no perdía la ocasión para reunirse con el gobierno colombiano y las FARC e interesarse por el proceso de paz, prometiendo invertir más de 450 millones de dólares en el posconflicto.
Tras la visita a La Habana, Obama también viajó a Argentina. Esta vez no sé mostró tan contundente en materia de derechos humanos, a pesar de que el momento era bastante propicio. Su estancia coincidía con el 40 aniversario del golpe militar, alentado por EE.UU., que dio origen a la dictadura. En lugar de escuchar al pueblo prefirió bailar un tango y cerrar otros tantos acuerdos comerciales.
Es evidente que la apertura comercial es sinónimo de amistad. Permite que un país deje rápidamente la lista de “patrocinadores del terrorismo”. Cuba ha tenido esa suerte. Con ello, es previsible que los mensajes sobre Cuba asociados a “régimen”, “dictadura” o “falta de libertad de expresión” se vayan disipando. De la misma forma que no se habla de los asesinatos de defensoras y defensores de derechos humanos en Honduras, por poner un ejemplo. Por el contrario, algunos medios de comunicación, debidamente instigados por los poderes económicos, centrarán toda su ira nuevamente en Venezuela, que sigue siendo catalogada como una amenaza a la seguridad -del capitalismo- o en todo aquello que ponga en cuestión el poder establecido.
En poco tiempo, tal y como pedía Obama, el mundo padecerá cierta amnesia y más de uno creerá que el capitalismo ha salvado a Cuba. Quien no lo hará será el pueblo cubano, 11 millones de personas que han resistido y resisten todavía hoy a las políticas del país más poderoso del planeta, siendo capaces de mantener entre otras cosas un buen sistema educativo y de salud, como reconocen la Unesco y la OMS. Algo que, por cierto, el presidente de EE.UU. también olvidó reconocer y de lo que Fidel Castro tuvo que responder para evitar un infarto.
Este mes, el Partido Comunista de Cuba celebrará su séptimo congreso, coincidiendo con el 55º aniversario de la Declaración del carácter socialista de la Revolución. Sin duda, el país enfrenta un periodo de grandes desafíos en este nuevo contexto. Y sí, también en materia de derechos, porque de eso lamentablemente no se libra ningún país. Debe ser capaz de actualizar el modelo económico manteniendo los principios y valores que dieron sentido a la revolución de 1959, proceso sobre el que, con sus aciertos y desaciertos, solo corresponderá decidir al pueblo cubano. El espíritu que precisamente representa la Plaza de la Revolución.
POR SAIOA POLO PARA DEIA

jueves, 18 de febrero de 2016

Palestina

Palestina, entre la ocupación y el apartheid

Mientras persista esta política se seguirán produciendo nuevos ciclos de protestas y violencia


La prolongada ocupación israelí de los territorios palestinos aleja la solución de los dos Estados y la implantación del Estado palestino. Un Estado binacional emerge como tercera posibilidad, pero choca con la intransigencia del gobierno de Israel. Los ciclos de violencia y sufrimiento perduran en la región, ocupada desde 1967. Por José Abu-Tarbush (*)


La prolongada ocupación colonial de los territorios palestinos en 1967, sin perspectivas de resolución a corto ni a medio plazo, no es ninguna novedad. Antes bien, parece haberse transformado en la normalidad o, dicho con mayor precisión, en el intento por normalizar una situación tan anómala como la ocupación militar israelí, que perdura desde hace unas cinco décadas. 

Nada indica que esta situación vaya a cambiar sustancialmente en los próximos años. Es de temer, por tanto, que la ocupación alcanzará su medio siglo de existencia en 2017. 

Esto significa que no se implementará la solución de los dos Estados, ni tampoco se materializará el proclamado y crecientemente reconocido Estado palestino. 
  
Negativa israelí 
  
La previsión de este escenario descansa, fundamentalmente, en la manifiesta y sistemática negativa de Tel Aviv a poner fin a su ocupación militar. Por si quedaba alguna duda, el propio Netanyahu se encargó de disiparla durante los ataques a la Franja de Gaza en el verano de 2014. Entonces manifestó que nunca aceptaría un Estado palestino plenamente soberano en Cisjordania. No se refería a una supuesta desmilitarización, sino a que no tenía cabida otra entidad estatal —con existencia soberana e independiente— al oeste del río Jordán que no fuera la israelí. Su rechazo a un Estado palestino fue reiterado durante la pasada campaña electoral israelí, en marzo de 2015. 
  
Por primera vez el primer ministro israelí dejaba de decir en público una cosa y, luego, hacer otra o la contraria. Entonces afirmó sin ambages lo que realmente pensaba y hacía: retener los territorios palestinos y continuar su incesante colonización. Esta política de asentamientos socava la base territorial de un futuro Estado palestino e imposibilita la solución de los dos Estados que, cabe recordar, es la opción que mayor consenso político y jurídico posee en la sociedad internacional. 
  
El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, advirtió en 2013 que el tiempo para implementar dicha solución se agotaba, apenas quedaba uno o dos años a lo sumo. Luego sería inviable. Ese tiempo ya ha pasado.  Más recientemente, en diciembre de 2015, reiteró que la persistencia de la ocupación israelí conducía a un Estado binacional. Aunque Washington no respalda esta opción, advertía sobre la deriva israelí al prolongar su ocupación y persistir en la colonización del territorito palestino con la multiplicación de los asentamientos y el número de colonos (incrementado en unos 300.000 en Jerusalén Este y cerca de 400.000 en Cisjordania, donde podría elevarse a 600.000 en 2019). 
  
Ni dos Estados, ni uno binacional 
  
Paradójicamente, cuanto más apoyo ha cobrado en la escena internacional la denominada solución de los dos Estados más se aleja su implementación. En el ámbito político y diplomático Palestina adquirió un nuevo estatus en la ONU como Estado observador no miembro en noviembre de 2012; y el Estado palestino, ceñido a las fronteras de 1967, ha sido reconocido por unos 136 Estados, entre los que destacan algunos miembros de la Unión Europea. Suecia lo reconoció en octubre de 2014; y varios parlamentos europeos —el español, entre otros— han conminado a sus respectivos gobiernos a reconocerlo. 
  
Pero, de momento, la única opción existente sobre el terreno es el actual statu quo de ocupación y segregación, que sólo amenaza con prolongarse y producir más violencia y dolor.  Entre el mar Mediterráneo y el río Jordán sólo existe un Estado, el israelí, en el que su ciudadanía goza del respeto a los derechos humanos, las libertades civiles y las reglas del juego democrático. Paisaje del que está excluida la población palestina que, dividida en diferentes subcategorías, sufre la tiranía de la segregación y de una prolongada e indefinida ocupación militar. 
  
Como potencia ocupante, Israel tiene la capacidad —aunque no la voluntad— de poner fin a su ocupación militar y dar lugar a un Estado palestino, que coexista en paz y seguridad con el israelí. La otra opción que tiene es desmantelar su estructura de ocupación militar y segregación racial, con la integración de la población palestina como parte de su ciudadanía, dotándola de los mismos derechos que posee la israelí. Esta solución de un solo Estado, binacional, de todos sus ciudadanos, con los mismos derechos, independientemente de su origen étnico o confesional,  es la que quedaría todavía por explorar. 
  
Muchas voces, israelíes y palestinas principalmente, reclaman de manera creciente esta opción no sólo por la inviabilidad de la de los dos Estados, sino por considerarla más justa, estable y, a la larga, duradera.  Consideran que la resolución de la cuestión palestina no se reduce solamente a los territorios ocupados por Israel en 1967, sino que la raíz del problema remite a la limpieza étnica de la que fue objeto Palestina entre 1947 y 1948, durante los acontecimientos que rodearon la creación del Estado israelí. 
  
Desde esta óptica, un mini Estado palestino sólo solucionaría, en el mejor de los casos, un parte del problema, pero dejaría sin resolver la relevante cuestión de los refugiados y su derecho al retorno.  Sin olvidar la discriminación institucionalizada que sufre la denominada minoría árabe-israelí o, igualmente, los palestinos con ciudadanía israelí, integrada por 1.390.000 habitantes (el 17,6 por ciento de la población israelí); y que es percibida como una quinta columna o amenaza demográfica. Sin incluir en esta categoría a la población palestina en Jerusalén Este (330.000), por carecer de ciudadanía israelí, pese a que las fuentes israelíes suelen incluirla como parte de dicha minoría. 
  
Seguramente, a la luz de los acontecimientos violentos que se registran en Jerusalén y parcialmente en Cisjordania desde septiembre de 2015, parece una idea descabellada o, cuando menos, poco realista. Si en esta ciudad binacional de facto no pueden convivir pacíficamente palestinos e israelíes, cabe preguntarse por qué sería diferente en un futuro Estado unificado y binacional de iure. Un razonamiento similar se hacía en la Sudáfrica del apartheid ante un futuro sin segregación racial.  
  
Pero la pregunta parece trucada. La convivencia pacífica se produce en un espacio de libertad y justicia, no donde domina su privación y reina la vejación y humillación de manera sistemática y cotidiana. Desde 1967 varias generaciones de palestinos no conocen otro horizonte que la ocupación, la opresión y la discriminación. No tienen ningún porvenir ni advierten perspectivas de solución. Esta acumulada frustración explicaría los ataques individuales, de acuchillamiento, sin dirección ni organización política. Es más, reflejan también una falta de credibilidad en los distintos actores políticos y, en particular, en la Autoridad Palestina (AP), que no proporciona protección a la población bajo su administración ni frente a Israel. De hecho, esta oleada de violencia viene precedida por la de los colonos, que quemaron viva a una familia palestina en Cisjordania a finales de julio. Sin olvidar la violencia estructural de la ocupación militar.  

Franja de Gaza en 2015. Foto: badwanart0
Apartheid, resistencia y violencia 
  
No parece que estas opciones de resolución estén cercanas ni sean contempladas por los actuales dirigentes israelíes. Con uno de los gobiernos más escorados hacia la ultraderecha nacionalista y religiosa de su historia, nada indica una estrategia alternativa.  De hecho, el gobierno que preside Netanyahu se opone a toda solución que no sea la prolongación del actual statu quo. No está dispuesto a compartir el territorio con un Estado palestino, pero tampoco a conceder los derechos de ciudadanía de su Estado a la población palestina que ocupa. 
  
Por el contrario, muestra una clara disposición a mantener la ocupación segregacionista y asumir los costes de su política colonial. Su intransigencia se asienta en el tradicional respaldo e inmunidad internacional; en una potente maquinaria militar; y en un aparato de propaganda que culpabiliza a las víctimas y descalifica toda crítica a su política. Semejante atrincheramiento no es del todo ajeno a la actual coyuntura regional, de profunda inestabilidad y conflictividad, ni a la persistente debilidad y división palestina. 
  
Las revueltas antiautoritarias conocidas genéricamente como primavera árabe (2010-2011) sólo concretaron su triunfo en Túnez, con una transición a la democracia amenazada por el terrorismo yihadista y una importante debilidad socioeconómica.  En Bahréin y Egipto se ha reforzado el autoritarismo. Mientras que en Libia, Yemen y Siria la autoridad gubernamental ha menguado o desaparecido por completo debido a la confrontación civil y las intervenciones externas, dando lugar a Estados fallidos. Sin olvidar otras situaciones parcialmente similares, retroalimentadas desde mucho antes como en Irak; y las amenazas de contagio o expansión por diferentes países de la zona como Líbano y Jordania, entre otros. 
  
En suma, toda la región se encuentra inmersa en un clima de alta tensión, con diferentes registros de crisis, inestabilidad y conflictos armados. Sus rupturas internas (entre oposición y gobierno) se entrecruzan y solapan con las externas, de rivalidad regional (Arabia Saudí e Irán) e internacional (Rusia y Estados Unidos); además de las transnacionales articuladas por la emergencia y expansión del autodenominado Estado Islámico o Daesh (por sus siglas en árabe). 
  
Por su parte, el conjunto del movimiento palestino permanece débil y dividido. Junto a la creciente fragmentación territorial de Cisjordania, la separación de Jerusalén Este, y el continuo aislamiento o bloqueo de Gaza, persiste el desencuentro político entre Fatah y Hamás. Pese a las sucesivas negociaciones y acuerdos teóricamente alcanzados, ambas organizaciones han mostrado una reiterada incapacidad para apartar sus diferencias partidistas en favor de la unidad nacional. 
  
Sus discrepancias no sólo son políticas e ideológicas, sino también estratégicas sobre cómo confrontar la ocupación: resistencia armada o política y diplomática. Hamás no otorga crédito a la apuesta de la AP. Entiende que su esfuerzo de internacionalización de la resolución del conflicto (creciente reconocimiento internacional del Estado palestino y adhesión a tratados internacionales como el de la Corte Penal Internacional) no va a ningún sitio sin el respaldo de un poder efectivo sobre el terreno. Mientras que la AP responde que la alternativa armada no conduce más que a un círculo incesante de destrucción y sufrimiento. 
  
A estas diferencias se suma la creciente contestación interna a la actual dirección de la AP, incluso dentro de las filas de Fatah, el partido gubernamental.   Sus críticos se centran en la figura de Abbas, a quien reprochan no haber nombrado sucesor, no convocar elecciones, ni adoptar reformas para acabar con la corrupción en su administración; además de mostrar un creciente autoritarismo hacia las voces críticas y disidentes. 
  
Con este panorama no parece que Israel priorice negociar o llegar a un arreglo con la AP, salvo mantener la coordinación en materia de seguridad. Ante su hipotético deterioro o suspensión, el gobierno israelí está adoptando medidas frente a lo que entendería como un colapso de la AP por incumplir la función que unilateralmente le ha asignado, de subcontrata de la seguridad de la ocupación. Por el contrario, su principal atención se focaliza en los cambios que se están produciendo en la región. En particular,  en el ascenso regional de Irán; y, tras sellarse el acuerdo nuclear en Viena, en julio de 2015, en su creciente rehabilitación internacional después de cuatro décadas de aislamiento. De hecho, las principales intervenciones militares israelíes en el conflicto sirio se han dirigido contra Hezbolá, que en la actualidad es el más importante aliado de Teherán al otro lado de sus fronteras.    
  
No obstante, es de temer que la apuesta israelí en sus tradicionales bazas estratégicas no esté obteniendo los resultados esperados; e incluso en algunos casos produzca efectos contrarios a los buscados. En el espacio exterior su imagen se ha visto crecientemente desacreditada. El movimiento del BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) gana cada día nuevas e importantes adhesiones en la sociedad civil transnacional o global. Mientras que en el ámbito interno su  (etno) democracia se degrada y vacía de contenido en favor de la supremacía racial y mayoría demográfica judía. Su corrupción moral también tiene efectos perversos en la propia ciudadanía israelí. La nueva ley fiscalizadora de las ONG que reciben fondos del exterior busca acallar a los sectores críticos con su política de ocupación. 
  
Más allá de las diferentes coyunturas, una cosa parece asegurada: mientras persista la política de ocupación y apartheid se seguirán produciendo nuevos ciclos de protestas y violencia, que se suceden a lo largo de cerca de cinco décadas de ocupación, prolongando un sufrimiento innecesario, que afecta principalmente a los palestinos, pero también a los israelíes.

(*) José Abu-Tarbush es profesor titular de Sociología en la Universidad de La Laguna. Editor del blog Panorama Mundial de Tendencias21. Este artículo se publicó originalmente en el Informe 2015-2016 de IGADI Con el título Palestina (2015): ¿normalizando la ocupación y el apartheid? Se reproduce con autorización.

jueves, 28 de enero de 2016

Felipe González y los narcopolíticos

Felipe González se va a Colombia nacionalizado con sus amigos “narcopolíticos”: una comisión de 19 millones

Mariano Rajoy no se mueve pero dos de sus predecesores, Felipe González (PSOE) y José María Aznar (PP) planean su futuro fuera de España. El dirigente socialista ha recibido por fin la nacionalidad colombiana que tanto ansiaba y podrá disfrutarla con sus amigos, entre ellos los Marulanda. Cecilia Marulanda, viuda de su viejo e incondicional constructor Enrique Sarasola, y Virginia Vallejo, amante y también hoy “viuda” del conocido “narco” Pablo Escobar, se citan entre ellos. Virginia recuerda aquel viaje del fallecido mafioso colombiano a Madrid para festejar junto a Felipe González y Alfonso Guerra en el Hotel Palace la victoria electoral de 1982 y como corría la “coca” en su toma de posesión. En cambio, el ex ministro y ex embajador Carlos Arturo Marulanda, hermano de Cecilia, fue detenido y encarcelado en Madrid por el juez Juan del Olmo (Audiencia Nacional) a requerimiento de la Interpol, por formación de grupos armados, terrorismo y malversación de fondos públicos. Para intentar blindarse, había condecorado a cuatro eurodiputados españoles: Manuel Medina (PSOE), Ana Miranda de Lage (PSOE), José Ignacio Salafranca (PP) y Gerardo Galeote (PP), este último implicado en la mafia Gürtel. También lo intentó con el funcionario de la Comisión Europea, José Luis Trimiño Pérez, pero el escándalo hizo intervenir al propio presidente europeo, entonces Jacques Santer, que lo impidió pese a las trabas impuestas por el comisario socialista Manuel Marín.
El presidente de la República, Juan Manuel Santos Calderón, otorgó el pasado 1 de diciembre la nacionalidad colombiana al ex presidente del Gobierno de España, Felipe González, en una discreta ceremonia celebrada en el Salón Protocolario de la Casa de Nariño. “Creo que no hay presidente que no pueda decir que en momento de angustia o de duda, ahí estaba Felipe González listo a dar sus consejos, a ayudar, a poner su granito de arena en forma muy efectiva, además; siempre en forma desinteresada por su cariño con Colombia, con los colombianos”, dijo Santos Calderón. Y no le faltaba razón: sus lazos con Colombia se centran sobre todo con dos parejas, según han descrito ellas mismas. Y con muchos políticos del régimen.
Virginia Vallejo, amante de Pablo Escobar, conoce bien a Felipe González. De hecho confiesa que “yo creo en el socialismo, en un socialismo a la manera de Felipe González”. Ella es periodista, llegó a entrevistar al dirigente español del PSOE y ha contado en su libro “Amando a Pablo, odiando a Escobar” hasta donde se remonta su relación con su ahora compatriota: “Pocos meses antes de conocernos, Escobar y Santofimio habían asistido con otros congresistas colombianos a la posesión del presidente de Gobierno español, el socialista Felipe González, cuyo hombre de confianza, Enrique Sarasola, está casado con la colombiana Cecilia Marulanda“.
“A Felipe González lo había entrevistado yo para televisión en 1981 y a Sarasola lo había conocido en Madrid durante mi primer viaje de luna de miel. Con expresión terriblemente seria, Pablo me ha descrito la escena en la que los otros parlamentarios de la comitiva le pedían cocaína de regalo en una discoteca madrileña y él reaccionaba insultado. Y yo he confirmado lo que ya sabía: que el Rey de la Coca parece detestar, casi tanto como yo, el producto de exportación sobre el cual está construyendo un auténtico imperio libre de impuestos. La única persona a quien Pablo Escobar ha regalado rocas de cocaína sin que tuviera siquiera que pedirlas es el anterior novio de su novia. Y no lo ha hecho precisamente por razones humanitarias o filantrópicas”.
En otra ocasión, el cuñado de Sarasola intentó venderle a Escobar una fastuosa finca: “El polvorín en la hacienda del cuñado de Enrique Sarasola estallaría en 1996, siendo Carlos Arturo Marulanda embajador ante la Unión Europea durante el gobierno de Ernesto Samper Pizano. Por acción de escuadrones como los de aquellos chulavitas utilizados por su padre medio siglo atrás, casi cuatro centenares de familias campesinas serían obligadas a huir de Bellacruz tras el incendio de sus casas y la tortura y asesinato de sus líderes en presencia del Ejército”.
“Marulanda, acusado de conformación de grupos paramilitares y violaciones de los derechos humanos, sería arrestado en España en 2001 y extraditado a Colombia en 2002. Dos semanas después sería liberado sobre la base de que los delitos habían sido cometidos por los grupos paramilitares que esperaban en el César y no por el millonario amigo del presidente. Para Amnistía Internacional, lo ocurrido en la hacienda Bellacruz constituye uno de los episodios de impunidad más aberrantes en la historia reciente de Colombia. Diego Londoño White, como su hermano Santiago, sería posteriormente asesinado. Y casi todos los demás beneficiarios de la rapiña del Metro y de los crímenes de Bellacruz, o sus descendientes, disfrutan hoy de los más dorados retiros en Madrid y París”. La operación de compraventa finalmente se frustró por la negativa del “narco”:
“Marulanda es el cuñado de Enrique Sarasola. Dile al emisario que yo sé que Bellacruz es la hacienda más grande del país después de unas que tiene el Mexicano en los Llanos, donde la tierra no vale nada, pero que no le doy ni un millón de dólares por ella porque yo no soy un desalmado como el padre del ministro. ¡Y claro que va a valer el doble, mi amor! Pero primero tiene que buscarse a otro tipo sin escrúpulos, como él y su hermano, para que saque de ahí a los descendientes de toda esa pobre gente a quien su padre expulsó de sus parcelas a sangre y fuego aprovechándose del caos de La Violencia.”
Cuando Virginia Vallejo y Pablo Escobar hablaban de la “rapiña del Metro” de Medellín se refieren a una historia que corría por España como leyenda urbana pero que hoy tiene nombres y apellidos: “Me explica que en Bellacruz se está gestando un polvorín que tarde o temprano terminará en una masacre. El padre del ministro, Alberto Marulanda Grillo, compró las primeras 6000 hectáreas en los años cuarenta y fue doblando el tamaño del latifundio con la ayuda de chulavitas, policías que incendiaban ranchos, violaban, torturaban y asesinaban por encargo de quien contratara sus servicios. La hermana de Carlos Arturo Marulanda está casada con Enrique Sarasola, vinculado a la sociedad española Ateinsa de Alberto Cortina, Alberto Alcocer y José Entrecanales“.
“Sarasola, amigo cercano de Felipe González, ganó $19.6 millones de dólares de comisión y gestionó la adjudicación del llamado «Contrato de ingeniería del siglo», el Metro de Medellín, al Consorcio Hispano-Alemán Metromed y a sus socios, entre ellos Ateinsa. Diego Londoño White, gerente del proyecto del Metro, gran amigo de Pablo y dueño, con su hermano Santiago, de las mansiones que él y Gustavo utilizan como oficinas, fue el encargado de negociar el contrato y tramitar las jugosas comisiones. Según un testigo de la rapiña y la voracidad del grupo encabezado por Sarasola, la adjudicación del Metro — en la que recibirían honorarios extravagantes desde unos abogados colombianos de apellido Puyo Vasco hasta el espía alemán Werner Mauss —, «más que una licitación por un contrato de ingeniería civil, parecía una película de gángsters», concepto que otro socialdemócrata como Pablo Escobar parece compartir plenamente”.
Más testimonios: “Casi al mismo tiempo que Felipe González en Madrid, llega al gobierno en Colombia su amigo Belisario Betancur gracias al dinero del narcotráfico, que le pagó su campaña electoral Betancur nombra alcalde de Medellín a Álvaro Uribe cuando la ciudad es un feudo de Pablo Escobar. Uribe se reúne con los capos del cártel de Medellín y a los cuatro meses de su nombramiento, Betancur lo tiene que destituir de la alcaldía a causa de ello. En Medellín Betancur lanza el proyecto multimillonario de construcción de un metro, cuyas obras adjudica a Sarasola, quien se lleva un pellizco de 20 millones de dólares, que se reparte con Felipe González“.
“En el negocio reaparece el espía alemán Werner Mauss, implicado en el intento de asesinato de Cubillo en Argel en 1978, quien también se lleva su pellizco correspondiente. Luego el propio Betancur tuvo que nombrar una comisión especial para “investigar” el chanchullo. El primer gerente del metro de Medellín es Diego Londoño White, quien acabó condenado por sus vínculos con Pablo Escobar, así como secuestro, siendo finalmente asesinado en 2002 en un ajuste de cuentas”.
Quien así se expresa es la web “Amnistía Presos”, que ha conseguido un documento gráfico que atestigua lo que dice Virginia Vallejo: Pablo Escobar en el Hotel Palace durante la cena de celebración de la victoria del PSOE en 1982. Además revela 13 vínculos entre Felipe González y las élites socialdemócratas de Colombia: Belisario Betancur (embajador en Madrid y luego presidente); el matrimonio Enrique Sarasola Lertxundi-Cristina Marulanda, hija de Alberto Marulanda Grillo, latifundista agrícola y accionista de la compañía aérea Avianca“.
También Alberto Santofimio Botero, ministro de Justicia, senador, presidente de la Cámara de Representantes, dos veces candidato presidencial y condenado en 2006 como autor del asesinato del también candidato presidencial Luis Carlos Galán, cometido en 1989, en complicidad con el capo del narcotráfico Pablo Escobar; Virginia Vallejo, la pareja de Escobar y periodista que llega a entrevistar a Felipe González. La presencia de Escobar, Santofimio y y Jairo Ortega Ramírez, otro narcopolítico colombiano, está documentada incluso en la sentencia contra Santofimio por asesinato. Existen imágenes en la fiesta del PSOE celebrando la victoria de 1982 de los tres narcopolíticos colombianos, que se sentaron juntos en la mesa del hotel, junto al torero Luis Miguel Dominguín.
El periodista colombiano Gonzalo Guillén, presente en aquel acto, afirma que fue Pablo Escobar quien le presentó a Felipe González para que le pudiera entrevistar. Luego fueron a una discoteca, donde siguieron celebrándolo toda la noche. La policía española, que tenía fichado a Escobar, supo con antelación que iba a viajar a Madrid y el hotel en el que se hospedaba. “Los antidisturbios rodearon el edificio y detuvieron a varios congresistas del Partido Conservador colombiano que se acostaron temprano. Vestidos con sus pijamas, fueron cacheados, junto con sus equipajes”, concluye esta web
espiaenelcongreso.com.